Los envases
encerados de leche de la desaparecida marca Ella por los años de 1970, en
tiempos de navidad y año nuevo, venían rotulados con un diseño gráfico alusivo
a la Navidad
y Año Nuevo, deseándole a los consumidores una feliz navidad y un venturoso y
prospero año nuevo impresos con un arbolito rodeado con guirnaldas y bambalinas.
A mí que me
encantaba recortar con las tijeras de costura de mamá, se me ocurrió adornar
las entradas de las puertas de mi casa con los recortes de los diseños de los
pasteriuzados, armonizando mi entorno con el tiempo mas hermoso de nuestra
infancia, lleno de ilusiones y fantasías propias de cualquier chiquillo en
cualquier parte del orbe terrenal.
Por eso con
los primeros aires de este nuevo año 2017, sentado en mi patio trasero de la
casa, me remonté tiempo atrás cuando desde mi banqueta adosada al tronco y bajo
la sombra a pleno Sol del árbol de Ratón de la añeja casa de mi infancia, en el
fondo de su patio, donde la brisa del norte pegaba mejor y la vista del
infinito y despejado cielo azul me permitía escudriñar mis deseos y anhelos, entonces
me iba en mis pensamientos caminando lejos en el horizonte, mas allá de las
copas de la arboleda que bordeaba el viejo patio, a ese mundo de alegorías
fantásticas del mañana, pleno de aquel presente triste e impoluto, pero
efímeramente hermoso, cargando con el pasado inmediato de mis congojas del
fatídico año de 1967.
Un fragmento del poema de Don Pedro Calderón de La Barca “La Vida es un Sueño” dice así:
Cuentan de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba, que sólo se
sustentaba de unas hierbas que cogía. ¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y
triste que yo?; y cuando el rostro volvió halló la respuesta, viendo que otro
sabio iba cogiendo las hierbas que él arrojó. Quejoso de mi fortuna yo en este
mundo vivía, y cuando entre mí decía: ¿habrá otra persona alguna de suerte más
importuna? Piadoso me has respondido. Pues, volviendo a mi sentido, hallo que
las penas mías, para hacerlas tú alegrías, las hubieras recogido.
Don Calderón de La
Barca en su poema nos muestra la realidad de la existencia y
nos ilustra como la vida es un sueño, un sueño vivido con cada palpito de tu
corazón, donde la incertidumbre de la vida, tautalogicamente hablando, vivir
estando con el corazón lleno de esperanza y de fe, con las lagrimas y con la
alegría del ser uno con Dios por sustento, en este espacio presente, donde el
pasado y el futuro son las inconmensurables e incontrolables aguas de un río y
nosotros los bañistas de su cauce, frágiles ante el embate de las inclemencias
del paso del tiempo, sea tormentoso, placido y sereno.
Sentado en la banca del patio de casa, frente a la pecera y mirando los peces mientras comen el alimento que les acabo de servir,
en esta tarde y en este ocaso con el Sol crepuscular de los venados, la fresca brisa de año nuevo en nuestra ciudad, trae a mi memoria esos espacios
que jamás olvidaré, que atesoro con la dignidad de un anacoreta, porque
pretendiendo ser autentico no hice mas de lo que debí haber hecho, porque a
despecho de los inmorales, el mundo sigue siendo del hombre justo y horado como decía el Dr. José María Vargas, y
asumiendo dignamente y por modestia una vida que se convirtió en sumisa
dedicación a mi esposa e hijos, en lugar de hacerme el huracán de aquel torbellino
de pasiones e ideas y sueños de niño y que perfilé en mis ardientes y mozos
años de liceo y universidad con azarosos pensamientos de combate y revolución;
ya el tiempo pasó, nuestro tiempo pasó, nuestra generación quedó fletada en el
trajinar de la historia, a la orilla del camino y en su afán solo nos quedó los
sinsabores de la amargura de una Fresa en nuestros labios, las ideas sembradas en las aulas de clase, en el sueño fortuito
de uno noche de verano, aquel verano de nuestra ingenua conciencia de juventud,
en el tumultuoso, sinuoso, denso y frívolo presente, dejando atrás el camino
previsto y la idea enamorada de un Mundo mejor.
A todos los que una vez soñamos un noble ideal.
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