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| JL Reyes Montiel (1981) |
Para todo estudiante de derecho que se apreste al estudio de las ciencias
jurídicas es su instrumento básico el Código Civil, como el estetoscopio para
el médico, jamás acudir a clases sin su Código Civil, así como con la Constitución
Nacional, además del Código de Procedimiento Civil y Código de Comercio.
¿Qué pasó durante esa prueba escrita? Mi noviecita en plena prueba escrita,
mientras leía detenidamente la formulación del planteamiento del tema a
examinar, un compañero de clases “intrépido” que ese día no llevó a clases su
respectivo Código Civil, le prestó a mi noviecita su Código, dejándola sin el
instrumento de análisis indispensable objeto de la prueba escrita, el tiempo del
examen transcurría, y muy a pesar que mi noviecita le solicitaba la devolución
de su Código Civil, el muy canalla continuaba sórdido redactando su análisis
sin consideración y contemplación alguna hacia su compañera que gentilmente
pretendió compartir mutuamente el Código Civil.
Las aulas de clases de la Facultad de Derecho, en cada puerta de acceso,
tenían una ventanilla de cristal, por donde profesores y estudiantes miraban
para entrar y salir, yo perplejo observaba con impotencia la incómoda situación
de mi noviecita, hasta que la profesora Párraga de Esparza, me observó desde el
estrado por la ventanilla en mi rabia contenida, como un entra y quítale el
Código a ese abusador, me tomé su mirada, y a paso firme y decidido entré al
salón en pleno examen y de un tirón le
arranque de las manos al compañero el Código Civil y se lo entregué a mi
noviecita, logrando concluir oportunamente la prueba escrita a la luz de su desposeído
Código Civil.
Que les cuento, a la salida del examen nos encontramos mi noviecita y yo
felices y contentos, pero, el enfurecido compañero nos siguió hasta la bancada de
los jardines de la facultad, y furioso me dijo despectivamente: - Mírate tu
salvaje, además de cómo tan mal vistes, no vale la pena ni tratarte…
El tiempo pasó de aquel aciago acontecimiento, dichosamente ya en los
plácidos momentos de visita a mi noviecita en su casa, yo mientras conversaba hojeaba
el diario Panorama, y muy afortunadamente encontré un aviso clasificado
solicitando un Asistente de Despacho de Abogados.
Visto y hecho, llamé por teléfono y acordé día y hora para mi respectiva entrevista
laboral, presente el día y a la hora señalada en el Edificio “San Luis” en la
avenida 5 de Julio de Maracaibo, ante las oficinas del Despacho Jurídico Financiero
del abogado Ítalo Velázquez Flores, al presentarme con la secretaria, fue sorpresa
la mía, muy sentado en la recepción se encontraba esperando el susodicho compañero
de clases y abusador que se había apoderado del Código Civil de mi noviecita.
Muy ecuánime, le dije buenos días hola cómo estás a lo que entre dientes me
respondió bien gracias, así es la vida pensé, nunca dejas más que asombrarte por
los acontecimientos existenciales del día a día, en su carrera del tiempo y el
espacio.
El por supuesto él paso primero, le correspondía, había llegado antes que
mi persona y eso es lo usual y debido, al buen rato salió sonreído del despacho
del Dr. Velázquez, se despidió de la secretaria y me echo una mirada antes de
salir de la oficina y perderse por el pasillo de circulación del edificio.
Al momento, la secretaria me pidió entrar al despacho para la entrevista, después
de presentar mis cartas de recomendación y experiencia, el Dr. Velázquez me
hizo una prueba mecanográfica, dictándome un escrito de una diligencia
judicial, acto seguido conversamos profusamente en materia de conceptos básicos
del Derecho y temas de actualidad noticiosa, cerró la entrevista y me dijo mi
secretaria te llamará si eres seleccionado.
Al final de aquella semana, la secretaria del Dr. Velázquez llamó a mi casa
afirmándole a mi madre que había resultado seleccionado para el empleo de Asistente
Jurídico, indicando que debía presentarme el siguiente lunes a las 8 de la
mañana en la oficina.
JLReyesMontiel.
