viernes, 27 de mayo de 2022

Incursión de la Armada Real Británica en Venezuela (1743).

Almirante Charles Knowles

Los británicos, por el año de 1743, estaban en plena guerra contra España, siendo su objetivo posesionarse de los territorios de ultramar españoles en el Mar Caribe, de modo de hacerse de una punta de lanza, para penetrar con tropas el resto del continente meridional americano, parte de esa maniobra era apoderarse de Venezuela, por su estratégica ubicación geográfica, para ello envía la corona británica, una poderosa flota bajo el mando del Comodoro Charles Knowles, contra las costas del norte venezolano.

Es necesario destacar, que dicha expedición naval, estaba comprendida por buques pertenecientes a la Marina Real de Gran Bretaña y bajo la bandera oficial de ese país en beligerancia contra España, no se trataba de “piratas” como ciertos historiadores pretenden insinuar, tratando de baldear responsabilidades a la corona inglesa, retándole importancia militar a tales acontecimientos que a continuación narraré, fruto y objeto de la presente investigación histórica.   

Poco se ha estudiado, por parte de nuestra cátedra nacional venezolana, aquellos hechos militares con trascendencia en el tiempo, antes de los años de 1810-1811 de nuestra independencia de España, cuando por 300 años fuimos parte del territorio del reino español, y nuestra gente criolla figuró, defendiendo el suelo natal venezolano, como una sola entidad ultramarina contra los enemigos de España.

Dos fueron las acciones navales de la referida armada británica, intentando sitiar las costas de Venezuela, una en su ataque a la ciudad de La Guaira, otra fue el ataque contra la ciudad de Puerto Cabello, ambas ciudades, antes y ahora, importantes puertos de Venezuela, situados en el centro del país.

Para esa época, existía como parte del territorio español la Capitanía General de Venezuela, entonces bajo el mando de Gabriel de Zuloaga, estratega militar de origen vasco, quién bajo su cargo, ordenó impulsar las obras de fortificación de La Guaira y Puerto Cabello, creando un formidable sistema de defensas portuarias invencibles para su tiempo.

El día 2 de marzo de 1743, irrumpe la tranquilidad de las costas venezolanas la Batalla de La Guaira, ciudad y puerto principal de la Capitanía General de Venezuela, asiento de la Compañía Guipuzcoana de Caracas, empresa de origen vasco propietaria de las instalaciones de dicho puerto, quienes controlaban, en calidad de agentes de la Corona Española, todo el comercio desde Venezuela hacía la península española, y de ésta hacía el resto de Europa y otras colonias, de las mercancías y tesoros procedentes tanto de Venezuela, como de parte de los territorios españoles de la América meridional, política comercial de explotación comercial a lo que se oponían Inglaterra, Francia y Holanda, quienes pretendían tener parte de esa actividad mercantil, procurando a toda costa boicotear el monopolio ejercido hacia la península española.

Edificio de la antigua Compañía Guipuzcoana de Caracas.

Es preciso aclarar que ésta compañía vasca, regentaba de ese modo el control comercial, para centralizar formalmente y fortalecer las actividades mercantiles españolas en sus territorios ultramarinos de la América del Sur, que estando en guerra con Inglaterra, era menester asegurarlo, frente a las pretensiones inglesas y de otras potencias europeas, que incursionaban atacando, ora con sus armadas, ora subrepticiamente con sus piratas, las posesiones españolas del Mar Caribe, fraguando como desposeer a Castilla de alguna de sus posesiones territoriales de ultramar.

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, también poseía una importante flota mercante artillada, manteniendo una estrecha colaboración con la Armada Española, mediante el embarque de soldados, armas, municiones y provisiones, desde la península a sus jurisdicciones en las indias, en consecuencia, la corona inglesa, fijó su atención en el importante objetivo sobre el centro de la Capitanía General de Venezuela, cuyo propósito por parte de la flota de la armada inglesa, era destruir éstos dos bastiones españoles en el Mar Caribe, La Guaira y Puerto Cabello, de modo de liquidar a la Compañía Guipuzcoana y dar un duro golpe al reino de España.

 

Batalla de La Guaira.

Al alba de aquel día, marzo 2, 1743 la escuadra inglesa se encontraba a 24 km al Este de la ciudad portuaria de La Guaira y un “Sloop Otter” (Embarcación ligera) como avanzada fue enviado para reconocimiento interior del puerto.

Fortaleza de San Carlos,
La Guaira Venezuela.

Los centinelas españoles, realizaron las salvas de aviso a las 06:30 horas, alertando tanto a La Guaira como a Caracas, poniendo en marcha todo un proceso de alerta a un gran cuerpo de milicianos situados desde 25km de la costa a tierra adentro, mientras tanto, los comandantes de la plaza de La Guaira y su guarnición Don Matheo Gual y Don José de Iturriaga, preparaban lo necesario para disuadir la agresión británica.

Las fortificaciones de La Guaira, constituían un bastión infranqueable defensivo, que a su vez servía como un “correo” de cañonazos, es decir, cuando se avizoraba una nave enemiga desde la costa, en el Fuerte El Vigía ubicado en La Caleta de La Guaira, disparaba una salva de cañonazos, luego le respondía el del Fortín El Colorado, después hacía fuegos la fortaleza del San Carlos; y así sucesivamente iban respondiendo las fortificaciones que resguardaban en el hoy llamado “Camino de los Españoles” a la ciudad de Caracas, a los pocos minutos se tenía noticia del ataque enemigo en la plaza de armas de Caracas, lo cual permitía holgadamente prevenir las operaciones militares para la defensa. Ese día del 2 de Marzo, cuando divisadas en el horizonte marino guaireño, las naves de la flota británica bajo las órdenes del Almirante Charles Knowles, el planificado equipo de aprensión de ataque enemigo marchó de primor.

Fortaleza de San Carlos,
La Guaira - Venezuela.

Don Matheo Gual y Pueyo, comandaba las operaciones militares defensivas de las instalaciones portuarias de La Guaira, ante la resonancia del fuego cerrado de los cañonazos contra la flota enemiga, inmediatamente ofició a Caracas, mediante un efectivo, para informarle de los acontecimientos al Capitán General Gabriel de Zuloaga y solicitarle los refuerzos en tropas, armas y municiones.

Don Matheo valiéndose de un ardid, engañó a los ingleses, ordenó a la artillería desde las fortificaciones comenzar los fuegos de cañoneo con tiros cortos, para hacerles creer a los ingleses que carecía de artillería de 24 libras, confiados los invasores ingleses, se aproximaron en sus buques a una distancia que consideraban prudente, asumiendo que estaban fuera del alcance de los cañones.

Batalla naval-terrestre de La Guayra.

Cuando se dio fuego a tiro precisado de las piezas de artillería, poco pudo maniobrar la flota inglesa, al fuego intenso por ambos flancos, a todas éstas, los buques ingleses emplearon bombas incendiarias, balas de cañón de libra y media, de las comunes y con cadenas, para romper los baluartes de las fortificaciones de La Guaira, además de alcanzar temerariamente, con sus fuegos a la población en sus casas e incendiar almacenes y hasta los cerros de los alrededores de la ciudad.

En horas de la tarde de aquel día, la aciaga andanada de fuegos de los asaltantes hizo enmudecer los cañones del fortín San Gerónimo, posesionándose la escuadra enemiga más cerca de costa firme, preparándose la infantería para el desembarco y arremeter en combate abierto las fortificaciones de La Guaira que permanecían haciendo fuerte resistencia, en esas circunstancias, ante el apremio necesario de mantener un cañoneo al enemigo continuado y persistente, cuando el comandante de las milicias Don Matheo Gual y Pueyo, ordena conseguir unas frazadas de un almacén, y las moja con agua para cubrir los cañones y de ese modo sofocar el calor producido por las andanadas continuas sobre el enemigo inglés, logrando realizar que sus operarios hicieran hasta 60 tiros, sin reventarse el ánima de las piezas de artillería. Fue así y una vez bien cubierta y al alcance la escuadra británica, por su cercana posición, como la artillería de 24 libras parapetada desde las fortificaciones españolas, hizo destrozos en los buques ingleses y gran número de bajas en la marinería.

El capitán general de Venezuela, gobernador Don Joseph de Zuloaga, llegó al amanecer del día 3 de marzo con 10 compañías de milicias para refuerzo, regresando a Caracas el 4 de marzo siguiente, para convencer a la población inquieta de que el enemigo no venía por tierra.

Las defensas de La Guaira combatieron por cinco días, en la batalla terrestre-naval más larga, de la que se tenga registro en la historia venezolana, dándose fin al duelo de artillería el día 6 de Marzo de 1743, ante la retirada de la derrotada armada inglesa. Cronistas de la época señalaron que “Durante los cinco días de brega en los que apenas se comió y durmió en La Guaira, no se encontró flaqueza en el más débil de los hombres”.

De éste episodio bélico, rechazados como fueron los británicos, en su incursión naval e intento de invasión a la ciudad portuaria de La Guaira, la flota real británica fija rumbo a la vecina Isla de Curazao, frente a la costa norte de Venezuela, para procurarse refugio y asentamiento donde reparar sus naves y reforzar sus bajas de marinería, para subsiguientemente arremeter nuevamente contra las costas venezolanas.

(La isla de Curazao, perteneció a la provincia de Venezuela hasta el 28 de julio de 1634, cuando una expedición de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales comandada por el almirante Johannes van Walbeeck, conquistó su territorio a pesar de la obstinada defensa que hicieron López de Moría y Juan Matheos, éstos junto a la reducida colonia española y casi toda la población de los indígenas arahuacos, que se negaron a jurar obediencia a los Países Bajos, fueron expulsados y se refugiaron en las costas de Venezuela).

El Almirantazgo británico no contó con que su flota, bajo el mando del comodoro Charles Knowles, fuese derrotada, terminando su expedición en un rotundo fracaso, más de seiscientos de sus hombres murieron, entre ellos el capitán del HMS Burford, muchos de sus barcos se perdieron o fueron seriamente dañados, impidiendo a Knowles continuar con el previsto y posterior ataque a Puerto Cabello.

Por parte de la flota británica, para el mediodía del 2 de Marzo, los buques HMS Burford, HMS Eltham, HMS Norwich, HMS Suffolk, HMS Advice y HMS Assistance, se internaron en el fondeadero de La Guaira, muy a pesar del cañoneo constante generado que les abatía desde las seis baterías situadas desde la costa venezolana, sin embargo, las naves inglesas lograron fondear en una doble línea a eso de la 1 de la tarde, dándose inicio entre defensores y atacantes a un reñido intercambio de cañonazos.

El cañoneo español desde la costa venezolana, fue inesperado y abrumador, además de certero y esto, junto al fuerte mar picado de fondo de ese día, impidió el desembarco británico; tras tres horas y media de combate, el HMS Burford con cerca de 78 impactos de bala y averiado el palo mayor, soltó su ancla y se desplazó fuera del alcance de los cañones, igual hizo la fragata Eltham seriamente dañada, pero ambas naves, accidentalmente, fueron arrastradas contra el HMS Norwich y las tres embarcaciones tuvieron que abandonar el escenario naval, debilitando la capacidad de fuego inglesa.

Al crepúsculo del Sol, cesaron los fuegos de artillería de los beligerantes, alrededor de las 8 de la noche, el magullado HMS Burford huyó en refugio a sotavento, escoltado por los buques Norwich, Otter y Assistance; no obstante, los ingleses restablecieron al amanecer un cañoneo como retaliación y castigo, sin mayor efectividad y poco daño, ejecutado por el buque bombarda Comet.

En su retirada a la Isla de Curazao los británicos abandonaron lanchas, pertrechos y armamentos; saliendo a flote en las playas de La Guaira, los cadáveres de alistados británicos, luego de romperse el lastre con los que le ataron los pies al lanzarlos al mar.

En la Isla de Curazao, registros de puerto del 7 de marzo de 1743, aseveran el estado en la cual llegó la escuadra inglesa: “En un navío de 70 cañones llego su capitán con una pierna menos, el que murió al día siguiente, le mataron dos cirujanos… 21 cañonazo trae en el costado de estribor… y según dicen ellos entre muertos y heridos les faltaban 600 hombres. Al segundo comandante le cortaron la pierna más arriba de la rodilla y estándole curando vino una bala de cañón y mató los dos cirujanos y se discurre no escapará”.

 

Asedio de Puerto Cabello

Derrotada la flora real británica, con 97 muertos y 308 heridos, el comodoro Knowles antes del amanecer del 6 de marzo, decide retirarse del sitio de La Guaira rumbo al Oeste, pensando entre manos, atacar un lugar indefenso, cercano a Puerto Cabello en la misma costa venezolana, sin embargo, se produjo un incidente entre su oficialidad, muy a pesar de las órdenes dadas a sus capitanes de reunirse en la población de Borburata, a unos 6 km de Puerto Cabello, parte de la flota, entre ellos el HMS Burford, HMS Norwich, HMS Assistance y HMS Otter, resolvieron navegar a Curazao, no quedándole a Knowles otra alternativa sino seguirlos, para no dividir sus fuerzas navales, con toda la contrariedad y el disgusto que implicaba el desacato de sus instrucciones.

El comodoro Knowles repara sus naves en Curazao, recluta personal de marinería e infantería para reemplazar las bajas caídas en La Guaira, a todas éstas, envía mensajeros encubiertos a Puerto Cabello, con una proclama dirigida a los habitantes de la provincia de Venezuela, donde les ofrecía establecer el libre comercio, expulsar a la Compañía Guipuzcoana, que era “supuestamente” la razón de su incursión naval, garantizando continuar profesando su religión con sus propias autoridades eclesiásticas y que tendrían libertad de movimiento; también ofrecía recompensas por cada funcionario de la Guipuzcoana que le entregaran.

Finalmente, también ofrecían la libertad para los indios, negros y mulatos que colaboraran con los ingleses. Nadie se interesó por la oferta de Knowles y dichos manifiestos terminaron en manos de las autoridades españolas porteñas.

El 28 de marzo, Knowles ordenó disponer de un grupo de falúas, para incursionar navegando hacia Puerto Cabello, con fines de reconocimiento, volviendo a la mar el 31 de marzo, con todo el cuerpo principal de su flota, pero, fuertes vientos contrarios, alto oleaje y sus corrientes, obstaculizaron por casi dos semanas llegar a su destino, Puerto Cabello, por lo que Knowles se vio forzado a cambiar de rumbo hacia la población de Borburata, arribando a sus costas el 19 de abril.

Knowles pretende una victoria contundente y a todo riesgo, decidiendo atacar a Puerto Cabello entre el 26 de abril y el 7 de mayo, es más, valiéndose de un truco, desembarca tropas de infantería, para emboscar al Capitán General Zuloaga, comandantes y tropas españolas, durante un intercambio de prisioneros, teniendo los británicos que retirarse precipitadamente, ante las enormes bajas producidas por los defensores, refriega ésta en la que resulta herido el Capitán General Zuloaga.

En la tarde del día 26 de abril, demarcan el horizonte marino frente a Puerto Cabello, los primeros buques ingleses, de una flota integrada por 22 barcos atacantes, aprestadas para una terrible batalla que se prolongará durante veinte días, como muy bien registran las crónicas e informes oficiales tanto españoles como británicos, relatando a detalle éstos acontecimientos.

La escuadra británica estaba formada por buques de diversos tamaños, el HMS Suffolk de 70 cañones, que en las crónicas españolas llaman “la nave almiranta” por suponer que el comandante de la flota va en esta, los  navíos Norwich y Assistence de 50 cañones, el HMS Eltham de 40 cañones, el HMS Scarborroug de 24 cañones, el HMS Lively de 20 cañones, la corbeta HMS Othery de 14 cañones,  el buque de 8 bombardas HMS Comet, además de 13 embarcaciones de diferentes portes y armamento para apoyo y transporte. En cuanto a tropas británicas embarcadas, alcanzaban a unos cuatro mil, entre marineros y la infantería de marina. Constituyendo una fuerza realmente sorprendente, compuesta por más de 300 piezas de artillería de todos los calibres preparadas para bombardear la ciudad de Puerto Cabello y sus fortificaciones.

Por su parte los defensores reunían, un poco más o menos, unos dos mil entre milicias voluntarias y tropas profesionales traídas desde la península española; también formaban parte de la defensa las fragatas “Nuestra Señora de Coro”, “Teresa” y “San Sebastián”.

Fortaleza de San Felipe (Puerto Cabello-Venezuela)

En cuanto a las fortificaciones el castillo de “San Felipe de Puerto Cabello” (conocido actualmente como Castillo Libertador), esta formidable construcción militar databa de algunos años antes, y el Capitán General Zuloaga se dedicó a ponerla a buen recaudo previniendo cualquier ataque enemigo, realizando una serie de mejoras y bienhechurías, para robustecer y asegurar su defensa, mediante la ampliación de gruesos muros defensivos parapetados y el montaje de nuevos cañones de mayor calibre, de los que tuvo originalmente, asimismo se prepararon empalizadas en las costas y playas para detener el avance de cualquier intento de desembarco de la infantería.

Fortaleza de San Felipe a la entrada del Puerto. 

La bombarda “Comet” inicia los fuegos intentando “ablandar” las defensas del Castillo San Felipe contra el cual lanza 16 granadas, la bombarda es un barco especialmente utilizado para asediar fortalezas o castillos, que tiene por armamento no los cañones que disparan horizontalmente, sino morteros que disparan hacia arriba, de manera que el proyectil hace una parábola y caen tras las murallas del castillo. A ésta bombarda, al día siguiente se sumaron tres buques, el Norwich, Eltham y Lively, totalizando entre todas éstas cuatro naves unos ciento veinte cañones, lanzando bombas y granadas explosivas sobre los defensores de Puerto Cabello.

Ante el inminente ataque británico, la defensa desde tierra no se hizo esperar, comandando las operaciones Don Manuel de Agreda y Don Juan Ferrer; por la parte naval dirigía la defensa el capitán Martín de Sansinea, jefe del “Corso de la Compañía Guipuzcoana de Caracas”, para la época el comandante del “Corso” era algo así como lo que hoy llamamos naves guardacostas.

En el castillo San Felipe resultó destruido un cañón y murieron sus tres operarios y resultaron heridos otros tantos hombres. Dos presos que yacían en un calabozo resultaron muertos al caerles una bomba encima. Ante el firme y constante fuego de artillería desde el castillo, una de las naves inglesas fue seriamente dañada, recibiendo varios impactos retirándose a resguardo, lo que hicieron las otras naves al llegar la noche.

Baluarte costero del flanco derecho
de la Fortaleza de San Felipe.

Al borde de la medianoche, desembarcaron intentando apoderarse de las baterías de Punta Brava unos mil quinientos ingleses comandados por un mayor de nombre Lucas, pero prevenidos los defensores de Puerto Cabello, los estaban esperando al mando de Don Martin de Sansinea, con dos pequeños cañones y un puñado de veteranos soldados, quienes los disgregan y ponen a correr en huida desordenada, fue tal el desconcierto de los ingleses, que los de la retaguardia dispararon en contra de los de la vanguardia que huían, dejando varios muertos en la playa, así como armas diversas y cinco prisioneros.


Los bombardeos continuaron por tres días consecutivos sin mayores consecuencias para la fortificación de San Felipe, consecuencia del cañoneo enemigo, resultaron muertos dos soldados en el castillo y el ingeniero Don Juan de Gayango, uno de los constructores de la fortaleza, que resultó herido al caerle una pared encima.

El 2 de mayo llegó el gobernador Gabriel de Zuloaga con más refuerzos, tres compañías de soldados peninsulares y un batallón de milicianos voluntarios, pero al otro día resultó herido en una pierna durante los incesantes bombardeos y quedó fuera de combate por varios días.

El combate se intensificó para el día 5 de mayo, el bombardeo era mutuo, Knowles pensaba realizar el asalto definitivo a Puerto Cabello, en el Castillo San Felipe murieron 15 soldados y uno de los barcos agresores se retiró haciendo aguas y cañoneado. Los sitiadores ingleses metódicamente atacaban simultáneamente empleando todos sus buques, unos hacían fuegos al castillo y otros a los baluartes de la defensa costera, al mismo tiempo, los cañones del Castillo San Felipe y los baluartes de Punta Brava hacían estragos sobre la flota invasora, “a los barcos ingleses les llovía el hierro colado español, caían los mástiles y se rasgaban las velas”.

Modelo a escala del HMS Suffolk

Las bolas de cañón al penetrar las cubiertas de madera de los barcos ingleses, astillaban el casco y a su vez éstos trozos de madera, se convertían en verdaderos proyectiles que herían gravemente a los marinos británicos. El HMS Norwich y una de las naves menores, destinaron sus 50 cañones a tratar de destruir las baterías de Punta Brava, pero los nuestros respondieron bravamente el ataque, acertando 87 cañonazos en el costado de aquel buque y partiéndole en lajas sus mástiles y rasgando sus velas, por lo que terminó siendo remolcado por otras naves de la flota inglesa a buen resguardo, mientras recogían a los treinta y cinco muertos regados por el puente y las cubiertas inferiores.

Con antelación a las hostilidades, frente a la entrada del puerto, los españoles hundieron uno de sus propios buques, de manera de imposibilitar el acceso de toda embarcación y evitar efectivamente un asalto.

Ya la noche de ese día, el comodoro Knowles comprendió la derrota y retiró sus barcos fuera del alcance de la artillería y fusilería española. Al finalizar la refriega terrestre-naval, a  las playas y costas de Puerto cabello, llegaban los restos de mástiles, aparejos y madera de los barcos y lanchas hechas pedazos, escaleras y toda clase de  fragmentos de las embarcaciones averiadas por la artillería española. La corriente marina también acarreó varios cuerpos muertos, extrañamente entre estos el cadáver de una mujer.

Ante la eminente derrota, el comodoro Knowles, retiró su flota rumbo a la Isla de Jamaica; durante esos días de asedio a Puerto Cabello, los atacantes británicos lanzaron alrededor de unas novecientas bombas sobre el castillo San Felipe y sobre las otras fortificaciones de Puerto Cabello, tratándose de todo tipo de proyectiles, bombas incendiarias, las llamadas “granadas reales” o explosivas y balas comunes.  Los defensores tuvieron que lamentar unos treinta muertos y sesenta heridos, mientras que los ingleses sufrieron casi doscientos muertos y gran número de heridos. Entre los muertos españoles destacan José Ugalde, capitán de la “Teresa”, Pedro Gurruchaga del “Coro” y el oficial Antonio de Ebora, todos de la Guipuzcoana.

Fortín Solano Puerto Cabello

Los ataques y asedios británicos a Puerto Cabello y La Guaira, son los hechos de armas más importantes ocurridos durante los trescientos años anteriores a la independencia, ésta victoria de nuestros antepasados sobre la flota inglesa, salvó a Venezuela de ser una colonia británica; si los ingleses hubieran resultado vencedores, ninguno de nosotros estaría aquí contando lo sucedido, y posiblemente Venezuela sería otra Trinidad o Guyana. Los defensores de Puerto Cabello, deben ser recordados como héroes de nuestra hispanidad, con un sitial de honor en la historia de Venezuela y de toda la América Hispana.

El comodoro Knowles, muy a pesar de su derrota en La Guaira y Puerto Cabello, llegó a tener una carrera militar exitosa en la Royal Navy, llegando a Almirante, nombrado Caballero de Su Graciosa Majestad y ostentando el cargo de Gobernador de Jamaica entre 1752 y 1756.

Gabriel de Zuloaga, continuó como Gobernador de Caracas hasta 1747, cuando asume dichas funciones el brigadier Francisco Castellanos. Siendo favorecido por los servicios prestados a la Corona con un ascenso a Teniente General y el título de Conde de Torre Alta. Murió en Madrid en 1764.

José de Iturriaga, se destacó en su carrera naval, llegando a ser Jefe de Escuadra (equivalente naval a Mariscal de Campo o actualmente General de División) siendo investido como Caballero de Santiago. Murió en Pampatar (Isla de Margarita, Venezuela) en 1767.

Mateo Gual, fue reconocido por su destacada acción, siendo ascendido a Teniente Coronel. Con el tiempo llegó a Coronel y llegó ser Gobernador de la Provincia de Cumaná entre 1753 y 1757. Por azares de la vida, su hijo, Don Manuel Gual (1759-1800), fue cabeza junto a Don José María España, de una rebelión contra la corona española.

Abogado JLReyesMontiel

 


Bibliografía consultada.

Duro, Cesáreo Fernández (1900). Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de León, Vol. VI. Madrid, Est. tipográfico "Sucesores de Rivadeneyra".

De Armas Chity. “Historia de Puerto Cabello” Ediciones del Banco del Caribe, C.A. Caracas 1974.

Nectario María, H. “Derrota Inglesa en Puerto Cabello” Esc. Prof. Sagrado Corazón, Madrid. 197

Luis Heraclio Medina Canelón, El ataque a Puerto Cabello en abril de 1743, 26/04/2020, Blog Correo de Lara.

T/ Eduardo Lessman, “Una batalla de cinco días impidió que La Guaira cayera en manos de piratas ingleses”. Memorias de Venezuela / 8 septiembre, 2016.

Marley, David E. (1998). Wars of the Americas: A Chronology of Armed Conflict in the New World, 1492 to the Present. ABC-Clio Inc. ISBN 978-0-87436-837-6.

Richmond, Herbert William. (1920). The Navy In the War of 1739–48; Cambridge University Press.