sábado, 3 de diciembre de 2022

Muchachadas Decembrinas del Colegio.

En esta época decembrina, hacer explotar fuegos artificiales era toda una tradición que se iniciaba a temprana edad, y terminaba incluso un poco más allá de nuestra adultez, cuando carajitos salíamos en grupo de amigos por aquellas calles de la vecindad, lanzando Cohetes y Tumba Ranchos, Recamaras y Silbadores, también las famosas Cebollitas; los llamados Cohetes eran pequeños receptáculos de pólvora prensado en papel con una mecha sobresaliente, los que se encendían con fósforos; los Tumba Ranchos, eran un poco más grandes, elaborados del mismo modo, pero al tener mayor cantidad de pólvora su resonancia de onda explosiva era más fuerte; las Recamaras, eran varios Cohetes entrelazados que terminaban en un Tumba Rancho, uno encendía la mecha y salía corriendo, pues empezaba una secuencia tremenda de explosiones hasta terminar en el bombazo del Tumba Rancho.

Las Cebollitas y los Silbadores, resultaban más benévolos en su explosión al ser encendidos, las Cebollitas era pólvora encapsulada en papel cebolla, mezcladas con piedritas diminutas o grada, que por reacción alguna sustancia química, al tirarlas contra el piso, reventaban en pequeñas explosiones fulminantes, pero las piedritas pegaban ciertamente entre las piernas.

Los Silbadores, por su parte, era un cilindro de cartón el cual terminaba en una mecha, que al encenderla salía disparado volando en círculos sin rumbo fijo, haciendo un silbido por la velocidad y el aire al friccionar su cabeza hueca, resultando si bien entretenido, no menos peligroso, porque de caer en una cortina u otro material inflamables, señores buenas noches, el daño era inminente.

Los preferidos por mi grupo de amigos, eran los Cohetes y las Cebollitas, por su costo y mayor seguridad al encenderlos, pues a las mechas de los Cohetes, le hacíamos un raspado de su pólvora, para atemperar su tiempo de explosión y darnos chance de retirarnos a cierta distancia, pero siempre había alguno que no le colocaba el tiempo, como decíamos, y explotaban al lanzarlos al aire.

Las Cebollitas, como dije, explotaban al tirarlos contra el piso, como era época decembrina, solíamos llevarnos una buena cantidad de Cebollitas al Colegio, y lanzárnosla entre los pantalones de nuestros compañeros, unos contra otros, echándonos bromas entre sí, hasta que nos casaba la mirada de algún Padrecito Paúl, se nos terminaba la fiesta de Cebollitas, haciendo filas antes de entrar al salón de clases.

Recuerdo las explosiones rimbombantes de Tumbas Ranchos, en la Rampa del Colegio, aquella generación del San Vicente de Paúl, recordará con cierta nostalgia, la Rampa, y en especial ésta época de aires navideños; ciertas compañeros, tremendos de verdad, hacían explotar éstos artefactos cuando todos estábamos en clases, aprovechando alguna hora libre durante la mañana o las tardes, en ese entonces, teníamos doble horario, mañana y tarde, y el tiempo transcurría tan lento, como que hasta tiempo nos daba al mediodía, para hacer alguna tarea pendiente del día anterior, increíble hoy día.

Recuerdo aquellas fuertes explosiones de la Rampa del Colegio, eran estruendosas de verdad verdad, su onda expansiva hacia vibrar los ventanales de vidrio de las aulas de clase, y los profesores y sacerdotes, no les quedaba más que apretarse los labios, entre el murmullo de nuestras risas, pues ¡Ay! del que lanzara una carcajada, sin embargo, aquel murmullo era más respeto, que temor o miedo a nuestros preceptores y maestros, de eso si estoy seguro.

Un buen día de clases, por cierto, de Moral y Cívica, materia de formación ciudadana vital, indispensable y necesaria, con la profesora Elida, docente decana del honorable Colegio San Vicente de Paúl, a la cual respetábamos mucho nosotros los compañeros de clases; aquel día, yo portaba por supuesto, mi buena cantidad por ración de Cebollitas en el bolsillo de mi camisa de uniforme, recuerdo, pantalón beige de kaki y camisa azul marino; a mi lado estaba mi compañero Rafael Vera, a quien le decíamos “Pepe Grillo” por lo grilluo, sin más por decirle así, me lanzo un puñetazo con su mano, pero sacándole el cuerpo, pego su mano fue en el área de mi bolsillo, donde tenía las Cebollitas, explotando las inconmensurables Cebollitas dentro del salón y todas juntas, vaya que sonaron de lo más sabroso.

La profesora Elida, elevó su mirada por entre la parte superior de sus anteojos: - ¿Quién fue? Pregunto… Silencio total, realmente fue sorpresivo, solo atinaron a vernos los compañeros que estaban alrededor de Vera y yo, los demás estaban escuchando la clase, - ¿Quién fue? Repitió la profesora Elida, a lo que Vera dijo, Reyes me llamó “Pepe Grillo” y yo le dí un puñetazo profe, volvió a inquirir la profesora: - ¿Aja y eso que tiene que ver con la explosión?  Vera: -Reyes tenía el bolsillo de su camisa lleno de Cebollitas y explotaron profe, la profesora Elida: - ¡Aja Reyes! Usted es de los que tira la piedra y esconde la mano. Afortunadamente por mi buena conducta, la profesora Elida no me envío a firmar el famoso Libro de Vida con el Padre Luis Moreno. Después de esa experiencia, no llevé al Colegio más Cebollitas.

JLReyesMontiel

sábado, 19 de noviembre de 2022

La Calle Derecha.

De esa calle Ciencias, tengo muchos recuerdos de infancia. Mi madre solía visitar a la familia León, residenciada en una de esas solariegas casas, la señora Inés León y su señora madre, amigas de la familia Montiel Fuenmayor, quienes habitaban la señorial casona, de anchos muros, y tejas redondeadas al estilo español, yo muy observador, las diferencias de las tejas cuadradas de las casas de la calle Venezuela (95) donde viví, hasta el año 1965, en una casa de dos ventanas, dispuestas al margen y a un mismo lado izquierdo de la puerta de acceso.

Ésta casa, propiedad de mi difunto padre Pascual Reyes Albornoz, estaba situada enfrente de la placita Hermágoras Chávez, al lado de la Refresquería María Luisa, cuyo local también era propiedad de mi difunto padre; allí pasé mis primeros años de infancia, llegué aun gateando y salí caminando, de 5 años de edad.

Cuando mi madre, Carmen Montiel Fuenmayor, salía para hacer sus compras al centro de la ciudad, por cierto, todavía se decía: “Vamos a Maracaibo” como si fuera muy lejos; siempre me llevaba a mí, porque aún no había comenzado mi preparatorio escolar, entonces de regreso a casa, pasaba a visitar a las León en su casa de la calle Ciencias, también conocida como la famosa Calle Derecha.

Era un gusto de mis mayores, como ahora suelo hacerlo, tomarse un Café y conversar un rato, para continuar la caminata de regreso, hasta mi casa en la calle Venezuela. En ese lapso de tiempo, mientras mamá y sus amigas tertuliaban, yo carajito, aprovechaba para curiosear los largos corredores de la casa, que traspasaban toda su longitud hasta un último tercer patio, pasando antes dos patios interiores, que separaban secciones de aquella casona, comunicados por camellones decorados con finas losas adosadas en sus pisos.

En el último patio estaba plantado una Mata de Taparas, hoy la reconozco como de Tapara por sus frutos, que guindaban de sus ramas como verdes bambalinas, pero, aquel último patio interior, me resultó sobrecogedor y sombrío, pues un silencio recóndito solo se dejaba escuchar en el inocuo entorno de entre sus enmohecidos muros.

De antesala al lúgubre tercer traspatio, la tercera y última habitación servía de depósito a la casona, recuerdo la gran cantidad de chécheres acumulados en su interior, como museo, pues la antigüedad de los mismos, llamaron poderosamente mi atención infantil; baúles, escaparates y tambores de grueso cartón con tapas de metal, guardaban ropa, útiles de cocina, prendas, pequeñas cajas de madera y otras de cartón ricamente decorados, así como frascos vacíos de perfumes que, aún a pesar del tiempo, exhalaban fragancias de ensueños.

Sobre una fornida y artísticamente torneada mesa, un antiguo toca disco con su bocina, que al preguntarle a mamá me dijo que eso era una Victrola, una nevera vieja a gas, una cocina de manillas como aldabas de puertas y planchas de hierro para escoger. Todo aquello ocupaba los extremos y rincones de aquella tercera habitación, que sugestionó mi atención cada vez que visitaba con mi madre a la familia León de la calle Ciencias.

Por cierto, la dicha Calle Ciencias, conocida como Calle Derecha, me hace ver ahora, que casi todas las calles de esa parte de la Maracaibo antañona, eran derechas, por lo que considero, que el maracaibero bucólico de entonces, bautizó a la Calle Ciencias, como Calle Derecha, porque interconectaba derechito la Basílica de San Juan de Dios, Hogar de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, con el centro de la ciudad y su plaza Bolívar.

Abogado JLReyesMontiel.   

lunes, 7 de noviembre de 2022

El Poder de Dios, poder de uno.

Abogado JLReyesMontiel

Nunca antes como ahora, quedo cada vez más convencido que la felicidad la tiene cada quién en sus manos, según su pensar y según su autocontrol, el peor enemigo está dentro de uno mismo, uno y solo cada uno de nosotros, somos responsables de lo bueno o de lo malo y de la suerte de nuestra existencia.

No hay peor ciego que no quiera ver, ni peor sordo que no quiere oír,  todo depende de cada uno en su “yo” consciente, en el camino de la vida tomamos rumbos inescrutables, donde solo Dios es el conductor de nuestras vidas, pero éste detalle depende de la revelación espiritual de nuestra ética existencial, sostenida por la esperanza en la fe, en la Providencia Divina, en la convicción que todo es un todo, en la consecuente seguridad de un orden natural de las cosas de este mundo, conectadas con el Universo creado, reivindicador de toda buena actitud personal.

Para salir adelante a los embates de cada día, tenemos la imprescindible necesidad de la fe en Dios, su Unigénito Jesucristo y el Espíritu Santo, por eso bien lo decía nuestro Salvador: “No solo de pan vive el hombre”. La palabra del Creador del Universo es imprescriptible, perfecta, infalible, integralmente concebida en un orden que se vale así misma, en la plenitud hermética del Derecho Natural.

Ahora bien, decían nuestros tíos viejos de antes, “Nunca es tarde cuando la dicha llega” afirmación nacida en el sentido común de la experiencia, cuanta alegría cuando veo las miradas de felicidad en los rostros de quienes, tarde o temprano recibieron la satisfacción de realizar sus vidas, aún con todos los altos y bajos propios del día a día, pero, siempre a la luz y al amparo del conocimiento de Dios, que nos da la maravillosa oportunidad de reivindicarnos en lo bueno de ésta vida.

Si hay vidas oscuras y grises, es solo por pensamientos y comportamientos dañinos, y actitudes de conducta que restan, sumar y sumar en lo que fortalece, es una tarea vital y necesaria, para encontrar la felicidad en lo sencillo y humilde, y cuando digo humilde no es pobreza económica, ésta no es sino resultado de la actitud mental de cada persona, cuando hablo de la grandeza personal y del “exitoso en la vida” como dice mi primo Juan Sánchez, es una grandeza que se refleja en los detalles existenciales del saber escoger el camino con inteligencia emocional, del lado de los buenos. “Síganme los buenos” como decía el Chapulín Colorado.

Cuantas personas, a pesar de sus riquezas económicas, carecen de aquella riqueza patrimonial en el Espíritu Santo, en la certeza esperanzadora del camino la verdad y la vida, fundada en el discernimiento del conocimiento del mensaje de Jesús de Nazaret "El Galileo". No basta rezar, decía un cantor popular, y estaba claro, pues discernir la verdad es lo importante, ya que no puede haber conocimiento sino se pide en la oración profunda y buscando la luz del entendimiento en Él Padre Creador.

No basta rezar, sino también las obras de nuestros corazones, la obra que ensalza la fe, que la fortalece, la obra que manifiesta ser testigo del poder creador del Espíritu Santo, en la transformación del hombre viejo revestido del hombre nuevo, limpio nuestro cuerpo y alma de todo mal, creciendo en conocimiento verdadero, manifestado en una auténtica revolución personal, nada cambia sino se cambia asimismo en el orden personal, y es una lucha en la cual se combate todos los días de cada día, pues nuestra batalla es contra las tinieblas de este mundo, contra "el hacedor" de las mentiras y la blasfemia existencial de una humanidad pervertida.

El fracaso de la humanidad en la búsqueda de la libertad, estriba no en un cambio social, sino en el cambio personal, integro de cada individuo, esa es la gran diferencia con las ideologías de las masas, allende la democracia liberal, social democracia, socialismo, comunismo, chocan con el poder infalible del Cristianismo, que busca la revolución personal de la liberación del Hombre en Cristo Jesús, Señor Nuestro, ninguna corriente teológica, menos filosófica, tuvo y tiene un Maestro inmolado, torturado y crucificado, castigo al que eran sometidos los imputados por la justicia del Imperio Romano; Jesucristo, que murió por todos nosotros, como Cordero Divino para el perdón de nuestros pecados, dejándonos su Palabra como Pan de Vida y Vino de salvación, pero, pero hay que crecer en obra personal de ser transformados en su Espíritu Santo para tener vida y ser salvados. “El que tenga oídos que oiga, ojos que vea” y pida en la oración discernimiento, para entender éstos misterios. “Yo soy la Verdad y la Vida, y la verdad os hará libres”

Abogado JLReyesMontiel.







       

viernes, 27 de mayo de 2022

Incursión de la Armada Real Británica en Venezuela (1743).

Almirante Charles Knowles

Los británicos, por el año de 1743, estaban en plena guerra contra España, siendo su objetivo posesionarse de los territorios de ultramar españoles en el Mar Caribe, de modo de hacerse de una punta de lanza, para penetrar con tropas el resto del continente meridional americano, parte de esa maniobra era apoderarse de Venezuela, por su estratégica ubicación geográfica, para ello envía la corona británica, una poderosa flota bajo el mando del Comodoro Charles Knowles, contra las costas del norte venezolano.

Es necesario destacar, que dicha expedición naval, estaba comprendida por buques pertenecientes a la Marina Real de Gran Bretaña y bajo la bandera oficial de ese país en beligerancia contra España, no se trataba de “piratas” como ciertos historiadores pretenden insinuar, tratando de baldear responsabilidades a la corona inglesa, retándole importancia militar a tales acontecimientos que a continuación narraré, fruto y objeto de la presente investigación histórica.   

Poco se ha estudiado, por parte de nuestra cátedra nacional venezolana, aquellos hechos militares con trascendencia en el tiempo, antes de los años de 1810-1811 de nuestra independencia de España, cuando por 300 años fuimos parte del territorio del reino español, y nuestra gente criolla figuró, defendiendo el suelo natal venezolano, como una sola entidad ultramarina contra los enemigos de España.

Dos fueron las acciones navales de la referida armada británica, intentando sitiar las costas de Venezuela, una en su ataque a la ciudad de La Guaira, otra fue el ataque contra la ciudad de Puerto Cabello, ambas ciudades, antes y ahora, importantes puertos de Venezuela, situados en el centro del país.

Para esa época, existía como parte del territorio español la Capitanía General de Venezuela, entonces bajo el mando de Gabriel de Zuloaga, estratega militar de origen vasco, quién bajo su cargo, ordenó impulsar las obras de fortificación de La Guaira y Puerto Cabello, creando un formidable sistema de defensas portuarias invencibles para su tiempo.

El día 2 de marzo de 1743, irrumpe la tranquilidad de las costas venezolanas la Batalla de La Guaira, ciudad y puerto principal de la Capitanía General de Venezuela, asiento de la Compañía Guipuzcoana de Caracas, empresa de origen vasco propietaria de las instalaciones de dicho puerto, quienes controlaban, en calidad de agentes de la Corona Española, todo el comercio desde Venezuela hacía la península española, y de ésta hacía el resto de Europa y otras colonias, de las mercancías y tesoros procedentes tanto de Venezuela, como de parte de los territorios españoles de la América meridional, política comercial de explotación comercial a lo que se oponían Inglaterra, Francia y Holanda, quienes pretendían tener parte de esa actividad mercantil, procurando a toda costa boicotear el monopolio ejercido hacia la península española.

Edificio de la antigua Compañía Guipuzcoana de Caracas.

Es preciso aclarar que ésta compañía vasca, regentaba de ese modo el control comercial, para centralizar formalmente y fortalecer las actividades mercantiles españolas en sus territorios ultramarinos de la América del Sur, que estando en guerra con Inglaterra, era menester asegurarlo, frente a las pretensiones inglesas y de otras potencias europeas, que incursionaban atacando, ora con sus armadas, ora subrepticiamente con sus piratas, las posesiones españolas del Mar Caribe, fraguando como desposeer a Castilla de alguna de sus posesiones territoriales de ultramar.

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, también poseía una importante flota mercante artillada, manteniendo una estrecha colaboración con la Armada Española, mediante el embarque de soldados, armas, municiones y provisiones, desde la península a sus jurisdicciones en las indias, en consecuencia, la corona inglesa, fijó su atención en el importante objetivo sobre el centro de la Capitanía General de Venezuela, cuyo propósito por parte de la flota de la armada inglesa, era destruir éstos dos bastiones españoles en el Mar Caribe, La Guaira y Puerto Cabello, de modo de liquidar a la Compañía Guipuzcoana y dar un duro golpe al reino de España.

 

Batalla de La Guaira.

Al alba de aquel día, marzo 2, 1743 la escuadra inglesa se encontraba a 24 km al Este de la ciudad portuaria de La Guaira y un “Sloop Otter” (Embarcación ligera) como avanzada fue enviado para reconocimiento interior del puerto.

Fortaleza de San Carlos,
La Guaira Venezuela.

Los centinelas españoles, realizaron las salvas de aviso a las 06:30 horas, alertando tanto a La Guaira como a Caracas, poniendo en marcha todo un proceso de alerta a un gran cuerpo de milicianos situados desde 25km de la costa a tierra adentro, mientras tanto, los comandantes de la plaza de La Guaira y su guarnición Don Matheo Gual y Don José de Iturriaga, preparaban lo necesario para disuadir la agresión británica.

Las fortificaciones de La Guaira, constituían un bastión infranqueable defensivo, que a su vez servía como un “correo” de cañonazos, es decir, cuando se avizoraba una nave enemiga desde la costa, en el Fuerte El Vigía ubicado en La Caleta de La Guaira, disparaba una salva de cañonazos, luego le respondía el del Fortín El Colorado, después hacía fuegos la fortaleza del San Carlos; y así sucesivamente iban respondiendo las fortificaciones que resguardaban en el hoy llamado “Camino de los Españoles” a la ciudad de Caracas, a los pocos minutos se tenía noticia del ataque enemigo en la plaza de armas de Caracas, lo cual permitía holgadamente prevenir las operaciones militares para la defensa. Ese día del 2 de Marzo, cuando divisadas en el horizonte marino guaireño, las naves de la flota británica bajo las órdenes del Almirante Charles Knowles, el planificado equipo de aprensión de ataque enemigo marchó de primor.

Fortaleza de San Carlos,
La Guaira - Venezuela.

Don Matheo Gual y Pueyo, comandaba las operaciones militares defensivas de las instalaciones portuarias de La Guaira, ante la resonancia del fuego cerrado de los cañonazos contra la flota enemiga, inmediatamente ofició a Caracas, mediante un efectivo, para informarle de los acontecimientos al Capitán General Gabriel de Zuloaga y solicitarle los refuerzos en tropas, armas y municiones.

Don Matheo valiéndose de un ardid, engañó a los ingleses, ordenó a la artillería desde las fortificaciones comenzar los fuegos de cañoneo con tiros cortos, para hacerles creer a los ingleses que carecía de artillería de 24 libras, confiados los invasores ingleses, se aproximaron en sus buques a una distancia que consideraban prudente, asumiendo que estaban fuera del alcance de los cañones.

Batalla naval-terrestre de La Guayra.

Cuando se dio fuego a tiro precisado de las piezas de artillería, poco pudo maniobrar la flota inglesa, al fuego intenso por ambos flancos, a todas éstas, los buques ingleses emplearon bombas incendiarias, balas de cañón de libra y media, de las comunes y con cadenas, para romper los baluartes de las fortificaciones de La Guaira, además de alcanzar temerariamente, con sus fuegos a la población en sus casas e incendiar almacenes y hasta los cerros de los alrededores de la ciudad.

En horas de la tarde de aquel día, la aciaga andanada de fuegos de los asaltantes hizo enmudecer los cañones del fortín San Gerónimo, posesionándose la escuadra enemiga más cerca de costa firme, preparándose la infantería para el desembarco y arremeter en combate abierto las fortificaciones de La Guaira que permanecían haciendo fuerte resistencia, en esas circunstancias, ante el apremio necesario de mantener un cañoneo al enemigo continuado y persistente, cuando el comandante de las milicias Don Matheo Gual y Pueyo, ordena conseguir unas frazadas de un almacén, y las moja con agua para cubrir los cañones y de ese modo sofocar el calor producido por las andanadas continuas sobre el enemigo inglés, logrando realizar que sus operarios hicieran hasta 60 tiros, sin reventarse el ánima de las piezas de artillería. Fue así y una vez bien cubierta y al alcance la escuadra británica, por su cercana posición, como la artillería de 24 libras parapetada desde las fortificaciones españolas, hizo destrozos en los buques ingleses y gran número de bajas en la marinería.

El capitán general de Venezuela, gobernador Don Joseph de Zuloaga, llegó al amanecer del día 3 de marzo con 10 compañías de milicias para refuerzo, regresando a Caracas el 4 de marzo siguiente, para convencer a la población inquieta de que el enemigo no venía por tierra.

Las defensas de La Guaira combatieron por cinco días, en la batalla terrestre-naval más larga, de la que se tenga registro en la historia venezolana, dándose fin al duelo de artillería el día 6 de Marzo de 1743, ante la retirada de la derrotada armada inglesa. Cronistas de la época señalaron que “Durante los cinco días de brega en los que apenas se comió y durmió en La Guaira, no se encontró flaqueza en el más débil de los hombres”.

De éste episodio bélico, rechazados como fueron los británicos, en su incursión naval e intento de invasión a la ciudad portuaria de La Guaira, la flota real británica fija rumbo a la vecina Isla de Curazao, frente a la costa norte de Venezuela, para procurarse refugio y asentamiento donde reparar sus naves y reforzar sus bajas de marinería, para subsiguientemente arremeter nuevamente contra las costas venezolanas.

(La isla de Curazao, perteneció a la provincia de Venezuela hasta el 28 de julio de 1634, cuando una expedición de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales comandada por el almirante Johannes van Walbeeck, conquistó su territorio a pesar de la obstinada defensa que hicieron López de Moría y Juan Matheos, éstos junto a la reducida colonia española y casi toda la población de los indígenas arahuacos, que se negaron a jurar obediencia a los Países Bajos, fueron expulsados y se refugiaron en las costas de Venezuela).

El Almirantazgo británico no contó con que su flota, bajo el mando del comodoro Charles Knowles, fuese derrotada, terminando su expedición en un rotundo fracaso, más de seiscientos de sus hombres murieron, entre ellos el capitán del HMS Burford, muchos de sus barcos se perdieron o fueron seriamente dañados, impidiendo a Knowles continuar con el previsto y posterior ataque a Puerto Cabello.

Por parte de la flota británica, para el mediodía del 2 de Marzo, los buques HMS Burford, HMS Eltham, HMS Norwich, HMS Suffolk, HMS Advice y HMS Assistance, se internaron en el fondeadero de La Guaira, muy a pesar del cañoneo constante generado que les abatía desde las seis baterías situadas desde la costa venezolana, sin embargo, las naves inglesas lograron fondear en una doble línea a eso de la 1 de la tarde, dándose inicio entre defensores y atacantes a un reñido intercambio de cañonazos.

El cañoneo español desde la costa venezolana, fue inesperado y abrumador, además de certero y esto, junto al fuerte mar picado de fondo de ese día, impidió el desembarco británico; tras tres horas y media de combate, el HMS Burford con cerca de 78 impactos de bala y averiado el palo mayor, soltó su ancla y se desplazó fuera del alcance de los cañones, igual hizo la fragata Eltham seriamente dañada, pero ambas naves, accidentalmente, fueron arrastradas contra el HMS Norwich y las tres embarcaciones tuvieron que abandonar el escenario naval, debilitando la capacidad de fuego inglesa.

Al crepúsculo del Sol, cesaron los fuegos de artillería de los beligerantes, alrededor de las 8 de la noche, el magullado HMS Burford huyó en refugio a sotavento, escoltado por los buques Norwich, Otter y Assistance; no obstante, los ingleses restablecieron al amanecer un cañoneo como retaliación y castigo, sin mayor efectividad y poco daño, ejecutado por el buque bombarda Comet.

En su retirada a la Isla de Curazao los británicos abandonaron lanchas, pertrechos y armamentos; saliendo a flote en las playas de La Guaira, los cadáveres de alistados británicos, luego de romperse el lastre con los que le ataron los pies al lanzarlos al mar.

En la Isla de Curazao, registros de puerto del 7 de marzo de 1743, aseveran el estado en la cual llegó la escuadra inglesa: “En un navío de 70 cañones llego su capitán con una pierna menos, el que murió al día siguiente, le mataron dos cirujanos… 21 cañonazo trae en el costado de estribor… y según dicen ellos entre muertos y heridos les faltaban 600 hombres. Al segundo comandante le cortaron la pierna más arriba de la rodilla y estándole curando vino una bala de cañón y mató los dos cirujanos y se discurre no escapará”.

 

Asedio de Puerto Cabello

Derrotada la flora real británica, con 97 muertos y 308 heridos, el comodoro Knowles antes del amanecer del 6 de marzo, decide retirarse del sitio de La Guaira rumbo al Oeste, pensando entre manos, atacar un lugar indefenso, cercano a Puerto Cabello en la misma costa venezolana, sin embargo, se produjo un incidente entre su oficialidad, muy a pesar de las órdenes dadas a sus capitanes de reunirse en la población de Borburata, a unos 6 km de Puerto Cabello, parte de la flota, entre ellos el HMS Burford, HMS Norwich, HMS Assistance y HMS Otter, resolvieron navegar a Curazao, no quedándole a Knowles otra alternativa sino seguirlos, para no dividir sus fuerzas navales, con toda la contrariedad y el disgusto que implicaba el desacato de sus instrucciones.

El comodoro Knowles repara sus naves en Curazao, recluta personal de marinería e infantería para reemplazar las bajas caídas en La Guaira, a todas éstas, envía mensajeros encubiertos a Puerto Cabello, con una proclama dirigida a los habitantes de la provincia de Venezuela, donde les ofrecía establecer el libre comercio, expulsar a la Compañía Guipuzcoana, que era “supuestamente” la razón de su incursión naval, garantizando continuar profesando su religión con sus propias autoridades eclesiásticas y que tendrían libertad de movimiento; también ofrecía recompensas por cada funcionario de la Guipuzcoana que le entregaran.

Finalmente, también ofrecían la libertad para los indios, negros y mulatos que colaboraran con los ingleses. Nadie se interesó por la oferta de Knowles y dichos manifiestos terminaron en manos de las autoridades españolas porteñas.

El 28 de marzo, Knowles ordenó disponer de un grupo de falúas, para incursionar navegando hacia Puerto Cabello, con fines de reconocimiento, volviendo a la mar el 31 de marzo, con todo el cuerpo principal de su flota, pero, fuertes vientos contrarios, alto oleaje y sus corrientes, obstaculizaron por casi dos semanas llegar a su destino, Puerto Cabello, por lo que Knowles se vio forzado a cambiar de rumbo hacia la población de Borburata, arribando a sus costas el 19 de abril.

Knowles pretende una victoria contundente y a todo riesgo, decidiendo atacar a Puerto Cabello entre el 26 de abril y el 7 de mayo, es más, valiéndose de un truco, desembarca tropas de infantería, para emboscar al Capitán General Zuloaga, comandantes y tropas españolas, durante un intercambio de prisioneros, teniendo los británicos que retirarse precipitadamente, ante las enormes bajas producidas por los defensores, refriega ésta en la que resulta herido el Capitán General Zuloaga.

En la tarde del día 26 de abril, demarcan el horizonte marino frente a Puerto Cabello, los primeros buques ingleses, de una flota integrada por 22 barcos atacantes, aprestadas para una terrible batalla que se prolongará durante veinte días, como muy bien registran las crónicas e informes oficiales tanto españoles como británicos, relatando a detalle éstos acontecimientos.

La escuadra británica estaba formada por buques de diversos tamaños, el HMS Suffolk de 70 cañones, que en las crónicas españolas llaman “la nave almiranta” por suponer que el comandante de la flota va en esta, los  navíos Norwich y Assistence de 50 cañones, el HMS Eltham de 40 cañones, el HMS Scarborroug de 24 cañones, el HMS Lively de 20 cañones, la corbeta HMS Othery de 14 cañones,  el buque de 8 bombardas HMS Comet, además de 13 embarcaciones de diferentes portes y armamento para apoyo y transporte. En cuanto a tropas británicas embarcadas, alcanzaban a unos cuatro mil, entre marineros y la infantería de marina. Constituyendo una fuerza realmente sorprendente, compuesta por más de 300 piezas de artillería de todos los calibres preparadas para bombardear la ciudad de Puerto Cabello y sus fortificaciones.

Por su parte los defensores reunían, un poco más o menos, unos dos mil entre milicias voluntarias y tropas profesionales traídas desde la península española; también formaban parte de la defensa las fragatas “Nuestra Señora de Coro”, “Teresa” y “San Sebastián”.

Fortaleza de San Felipe (Puerto Cabello-Venezuela)

En cuanto a las fortificaciones el castillo de “San Felipe de Puerto Cabello” (conocido actualmente como Castillo Libertador), esta formidable construcción militar databa de algunos años antes, y el Capitán General Zuloaga se dedicó a ponerla a buen recaudo previniendo cualquier ataque enemigo, realizando una serie de mejoras y bienhechurías, para robustecer y asegurar su defensa, mediante la ampliación de gruesos muros defensivos parapetados y el montaje de nuevos cañones de mayor calibre, de los que tuvo originalmente, asimismo se prepararon empalizadas en las costas y playas para detener el avance de cualquier intento de desembarco de la infantería.

Fortaleza de San Felipe a la entrada del Puerto. 

La bombarda “Comet” inicia los fuegos intentando “ablandar” las defensas del Castillo San Felipe contra el cual lanza 16 granadas, la bombarda es un barco especialmente utilizado para asediar fortalezas o castillos, que tiene por armamento no los cañones que disparan horizontalmente, sino morteros que disparan hacia arriba, de manera que el proyectil hace una parábola y caen tras las murallas del castillo. A ésta bombarda, al día siguiente se sumaron tres buques, el Norwich, Eltham y Lively, totalizando entre todas éstas cuatro naves unos ciento veinte cañones, lanzando bombas y granadas explosivas sobre los defensores de Puerto Cabello.

Ante el inminente ataque británico, la defensa desde tierra no se hizo esperar, comandando las operaciones Don Manuel de Agreda y Don Juan Ferrer; por la parte naval dirigía la defensa el capitán Martín de Sansinea, jefe del “Corso de la Compañía Guipuzcoana de Caracas”, para la época el comandante del “Corso” era algo así como lo que hoy llamamos naves guardacostas.

En el castillo San Felipe resultó destruido un cañón y murieron sus tres operarios y resultaron heridos otros tantos hombres. Dos presos que yacían en un calabozo resultaron muertos al caerles una bomba encima. Ante el firme y constante fuego de artillería desde el castillo, una de las naves inglesas fue seriamente dañada, recibiendo varios impactos retirándose a resguardo, lo que hicieron las otras naves al llegar la noche.

Baluarte costero del flanco derecho
de la Fortaleza de San Felipe.

Al borde de la medianoche, desembarcaron intentando apoderarse de las baterías de Punta Brava unos mil quinientos ingleses comandados por un mayor de nombre Lucas, pero prevenidos los defensores de Puerto Cabello, los estaban esperando al mando de Don Martin de Sansinea, con dos pequeños cañones y un puñado de veteranos soldados, quienes los disgregan y ponen a correr en huida desordenada, fue tal el desconcierto de los ingleses, que los de la retaguardia dispararon en contra de los de la vanguardia que huían, dejando varios muertos en la playa, así como armas diversas y cinco prisioneros.


Los bombardeos continuaron por tres días consecutivos sin mayores consecuencias para la fortificación de San Felipe, consecuencia del cañoneo enemigo, resultaron muertos dos soldados en el castillo y el ingeniero Don Juan de Gayango, uno de los constructores de la fortaleza, que resultó herido al caerle una pared encima.

El 2 de mayo llegó el gobernador Gabriel de Zuloaga con más refuerzos, tres compañías de soldados peninsulares y un batallón de milicianos voluntarios, pero al otro día resultó herido en una pierna durante los incesantes bombardeos y quedó fuera de combate por varios días.

El combate se intensificó para el día 5 de mayo, el bombardeo era mutuo, Knowles pensaba realizar el asalto definitivo a Puerto Cabello, en el Castillo San Felipe murieron 15 soldados y uno de los barcos agresores se retiró haciendo aguas y cañoneado. Los sitiadores ingleses metódicamente atacaban simultáneamente empleando todos sus buques, unos hacían fuegos al castillo y otros a los baluartes de la defensa costera, al mismo tiempo, los cañones del Castillo San Felipe y los baluartes de Punta Brava hacían estragos sobre la flota invasora, “a los barcos ingleses les llovía el hierro colado español, caían los mástiles y se rasgaban las velas”.

Modelo a escala del HMS Suffolk

Las bolas de cañón al penetrar las cubiertas de madera de los barcos ingleses, astillaban el casco y a su vez éstos trozos de madera, se convertían en verdaderos proyectiles que herían gravemente a los marinos británicos. El HMS Norwich y una de las naves menores, destinaron sus 50 cañones a tratar de destruir las baterías de Punta Brava, pero los nuestros respondieron bravamente el ataque, acertando 87 cañonazos en el costado de aquel buque y partiéndole en lajas sus mástiles y rasgando sus velas, por lo que terminó siendo remolcado por otras naves de la flota inglesa a buen resguardo, mientras recogían a los treinta y cinco muertos regados por el puente y las cubiertas inferiores.

Con antelación a las hostilidades, frente a la entrada del puerto, los españoles hundieron uno de sus propios buques, de manera de imposibilitar el acceso de toda embarcación y evitar efectivamente un asalto.

Ya la noche de ese día, el comodoro Knowles comprendió la derrota y retiró sus barcos fuera del alcance de la artillería y fusilería española. Al finalizar la refriega terrestre-naval, a  las playas y costas de Puerto cabello, llegaban los restos de mástiles, aparejos y madera de los barcos y lanchas hechas pedazos, escaleras y toda clase de  fragmentos de las embarcaciones averiadas por la artillería española. La corriente marina también acarreó varios cuerpos muertos, extrañamente entre estos el cadáver de una mujer.

Ante la eminente derrota, el comodoro Knowles, retiró su flota rumbo a la Isla de Jamaica; durante esos días de asedio a Puerto Cabello, los atacantes británicos lanzaron alrededor de unas novecientas bombas sobre el castillo San Felipe y sobre las otras fortificaciones de Puerto Cabello, tratándose de todo tipo de proyectiles, bombas incendiarias, las llamadas “granadas reales” o explosivas y balas comunes.  Los defensores tuvieron que lamentar unos treinta muertos y sesenta heridos, mientras que los ingleses sufrieron casi doscientos muertos y gran número de heridos. Entre los muertos españoles destacan José Ugalde, capitán de la “Teresa”, Pedro Gurruchaga del “Coro” y el oficial Antonio de Ebora, todos de la Guipuzcoana.

Fortín Solano Puerto Cabello

Los ataques y asedios británicos a Puerto Cabello y La Guaira, son los hechos de armas más importantes ocurridos durante los trescientos años anteriores a la independencia, ésta victoria de nuestros antepasados sobre la flota inglesa, salvó a Venezuela de ser una colonia británica; si los ingleses hubieran resultado vencedores, ninguno de nosotros estaría aquí contando lo sucedido, y posiblemente Venezuela sería otra Trinidad o Guyana. Los defensores de Puerto Cabello, deben ser recordados como héroes de nuestra hispanidad, con un sitial de honor en la historia de Venezuela y de toda la América Hispana.

El comodoro Knowles, muy a pesar de su derrota en La Guaira y Puerto Cabello, llegó a tener una carrera militar exitosa en la Royal Navy, llegando a Almirante, nombrado Caballero de Su Graciosa Majestad y ostentando el cargo de Gobernador de Jamaica entre 1752 y 1756.

Gabriel de Zuloaga, continuó como Gobernador de Caracas hasta 1747, cuando asume dichas funciones el brigadier Francisco Castellanos. Siendo favorecido por los servicios prestados a la Corona con un ascenso a Teniente General y el título de Conde de Torre Alta. Murió en Madrid en 1764.

José de Iturriaga, se destacó en su carrera naval, llegando a ser Jefe de Escuadra (equivalente naval a Mariscal de Campo o actualmente General de División) siendo investido como Caballero de Santiago. Murió en Pampatar (Isla de Margarita, Venezuela) en 1767.

Mateo Gual, fue reconocido por su destacada acción, siendo ascendido a Teniente Coronel. Con el tiempo llegó a Coronel y llegó ser Gobernador de la Provincia de Cumaná entre 1753 y 1757. Por azares de la vida, su hijo, Don Manuel Gual (1759-1800), fue cabeza junto a Don José María España, de una rebelión contra la corona española.

Abogado JLReyesMontiel

 


Bibliografía consultada.

Duro, Cesáreo Fernández (1900). Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de León, Vol. VI. Madrid, Est. tipográfico "Sucesores de Rivadeneyra".

De Armas Chity. “Historia de Puerto Cabello” Ediciones del Banco del Caribe, C.A. Caracas 1974.

Nectario María, H. “Derrota Inglesa en Puerto Cabello” Esc. Prof. Sagrado Corazón, Madrid. 197

Luis Heraclio Medina Canelón, El ataque a Puerto Cabello en abril de 1743, 26/04/2020, Blog Correo de Lara.

T/ Eduardo Lessman, “Una batalla de cinco días impidió que La Guaira cayera en manos de piratas ingleses”. Memorias de Venezuela / 8 septiembre, 2016.

Marley, David E. (1998). Wars of the Americas: A Chronology of Armed Conflict in the New World, 1492 to the Present. ABC-Clio Inc. ISBN 978-0-87436-837-6.

Richmond, Herbert William. (1920). The Navy In the War of 1739–48; Cambridge University Press.

 

jueves, 26 de mayo de 2022

Tres gráficas originales de tres personalidades de la Historia Venezolana de la segunda mitad del siglo XIX.


El aguerrido Gral. Ezequiel Zamora, líder de las masas populares, artífice de la Guerra Federal, casado con una hermana del Gral. Falcón, cuñados entonces los dos; baleado en el sitio de San Carlos, después de comandar la decisiva Batalla de Santa Inés que daba el triunfo a los Federalistas de Falcón y Guzmán, tranzados estos dos con los conservadores (Godos) en el Tratado de Coche que puso fin a la cruenta Guerra llamada Federal; Zamora pulpero y comerciante de ganado, en sus inicios, hizo gala de su valentía como militar y estratega nato pues carecía de instrucción formal, autodidacta y lector al día de la prensa de su tiempo, arrastraba a las masas al combate con su oratoria propia y convincente con su propio ejemplo. En esta foto original lo vemos con su bastón característico como hombre civil, aunque vestido con su uniforme de la Federación.


Foto original del presumido Gral. Antonio Guzmán Blanco, tuvo por mérito decretar el "Gloria al Bravo Pueblo" Himno Nacional y por Ley la educación obligatoria, pública y gratuita; hizo obras públicas como el Capitolio del Congreso, Biblioteca Nacional, parques nacionales y plazas públicas, vías de trenes y caminos; pero se hizo llamar "el ilustre americano" y a Maracaibo la trataba tal como él decía "Playa de pescadores" aunque siempre contó con su aliado Venancio Pulgar aunque luego se le volteara la tortilla cuando Guzmán prefirió a Joaquín Crespo como su sucesor. ¡Cosas de la Política! Murió en Paris y a su caída su estatua ecuestre que el mismo se levantó frente al Palacio de las Academias fue derrumbada por el pueblo. Al fin de cuentas supo capitalizar mediante el Tratado de Coche las apetencias de poder entre los bandos de la Guerra Federal y trepar sobre los hombros de los Generales Falcón y Zamora. Oleadas de la historia política de nuestro país.


El magnánimo Gral. Juan Crisóstomo Falcón, cuyo apellido ostenta su estado natal, se caracterizó por su benevolencia con el enemigo durante la Guerra Federal y aun siendo Presidente de la República, también demostró su preferencia por la apacible vida del campo en su rancho Paraguanero a la casa presidencial en Caracas, cuñado de Ezequiel Zamora quien desposo a una hermana de Falcón, ambos artífices de la Guerra Federal que al fin de cuentas capitalizó Guzmán Blanco. En esta curiosa foto original se deja mostrar el bondadoso Gral. Falcón en cuya mano ostenta una "Verga e’ Toro" utilizada por los rancheros corianos (Hacendados) para futear las bestias, ¡otros pomposos generales de su época se mostraban empuñando Sables (espadas) sin embargo el modesto Juan Crisóstomo prefería su rudimentaria herramienta de afán! También se dice que en su mesa presidencial nunca faltaron la rica culinaria coriana: Chivo y Arepa Pelada.


JLReyesMontiel



viernes, 20 de mayo de 2022

Los Nísperos de La Pomona.

Era mediados de aquel año de 1976, cuando nos mudamos desde la casa paterna situada en el sector Tierra Negra de Maracaibo, parroquia Coquivacoa, hasta la popular parroquia de Cristo de Aranza en el conocido sector de La Pomona, en toda la calle 103, paralela a la 102, avenida principal de La Pomona, por donde está actualmente Café Imperial y Distribuidora Tamayo, la casa situada sobre y en plena elevación de tierra o cerro, muy fresca por la brisa que recibía desde el Lago por su frente y en su fondo cuando venteaba del suroeste, según sus escrituras la casa fue construida a sus expensas por el señor Juan Ávila, en terrenos parte de mayor extensión, heredado de sus progenitores, de hecho, al lado de nuestra casa, estaba la casa de su hermana la gentil señora Ana Isabel Ávila de Sánchez, vecina nuestra.

Mi madre adquirió para mi hermana Sara y mi persona, dicha casa, rebautizándola con el nombre de “Los Reyes” y realizándole a su vez una serie de mejoras y bienhechurías, bajo la dirección del singular amigo de toda la familia Montiel Fuenmayor y Maestro de obras, Don Julio Barboza.

Para el momento cuando tomamos posesión de la casa, ya poseía varios árboles frutales sembrados en su terreno, una enorme mata de Mango en la jardinera del frente, le seguían una mata de Níspero sembrada al lado de derecho de la casa en  una jardinera contigua a la del frente, y al fondo de la casa, había también dos jardineras y en cada una de ellas, estaban sembradas tres matas de Nísperos, éste detalle al principio no se notaba sino por la evidente formación de sus trocos, que finalmente se había unido pero que se dividían en sus ramificaciones al aire; el caso era, que las matas de Nísperos fueron sembradas de tres en tres en cada jardinera, en el patio a desnivel de la casa, pues de la puerta de la cocina al fondo descendía tres peldaños.  

Con el tiempo comprendí, que los árboles fueron sembrados de manera de aprovechar al máximo, el espacio del área de terreno sobre el cual estaba edificada y dispuesta la casa, muy bien acondicionada con callejones pavimentados de cemento a los lados y en su fondo, y en el frente el área de estacionamiento y el camellón de entrada del portón a la puerta principal de la casa con baldosas decorativas.

Yo tenía 16 años cuando llegué a esa casa, y en ella viví el final de mi adolescencia y comienzo de mi cuajada juventud, fueron buenos años en rasgos generales, con altos y bajos, como toda típica existencia, siempre con el recuerdo de las carencias de la presencia de mi difunto padre Pascual Reyes Albornoz, gracias al cual, poseíamos mi hermana Sara y yo esa casa, y, sobre todo, al esfuerzo y voluntad férrea, de nuestra señora madre Carmen Montiel Fuenmayor.

Pasaron en esa bonita casa, mis años de estudiante, el bachillerato en Humanidades e inicio de la Universidad, podría definir mi estancia en esa casa, como la mejor época estudiantil de mi vida, entre el entorno de mi casa, la ciudad de Maracaibo y la Universidad el Zulia, con todas sus recordadas y añoradas edificaciones, por las cuales caminamos conociéndolas, por puro gusto de muchachada entusiasta de amigas y amigos, compañeros de estudios.

De aquellos árboles de Nísperos y de los Mangos, recuerdo aún su gustoso sabor, agradecido por demás por la valiosa iniciativa de quién los sembró tan oportunamente, para deleite de nosotros, pues nunca faltaba en nuestra mesa, el fruto de sus abundantes cosechas, las que recolecté con una “Datera” que nos regaló tío Manuel Briñez Valbuena, esposo de mi tía Trina, ambos hoy fieles difuntos, para que recogiéramos los Mangos y los Nísperos, dicha Datera, tenía la particularidad que se articulaba en sus extremos de modo de facilitar la captura de las frutas, aprovechando tubos de antena de tv muy livianos de aluminio, ajustados y ensartados con madera de palos de Escobas.

Recuerdo como si fuera ayer, el día que maduraron los Nísperos; los había recolectado una fresca tardecita, recién terminada mi faena de estudios, bajo la sombra de aquellos frondosos Nísperos, mamá me indicó que ya estaban “Hechos” para ponerlos a madurar ¿Qué como lo sabía mi madre? será al cálculo del tiempo y vista del fruto, en esa ocasión llené la Batea de Nísperos, siguiendo las instrucciones de mamá, los lavé cuidadosamente con agua, quitándole la aspereza de su piel, como granitos de arenilla, además de los palitos adheridos y hojas, limpiándoles con un trapo húmedo la pegajosa leche blanca emanada de sus vértices.

Una vez limpios, se colocan a secar del lavado, y secos se envuelven en papel periódico, uno por uno, al menos esa era la técnica de maduración empleada por nosotros, una vez envueltos en papel periódico, los guardaba a su vez en una bolsa plastificada, de las que se usan normalmente para los mercados, finalmente colocaba las bolsas llenas de Nísperos a temperatura ambiente, sobre el mueble de la Alacena, con los días unos tres a cinco días, se van sacando los maduros al tacto y por su textura blanda, y a la mesa como postre para desgrasar el almuerzo, o para colmar los antojos de un aperitivo a toda hora, que también son buenos.

Grata sorpresa de aquellos sabrosos Nísperos de La Pomona, una vez madurados el día que los consumí por primera vez, observé que, por su formas del fruto y sabor, descubrí que había siete variedades de Nísperos, según correspondían a cada mata, la del frente y las seis del fondo, que estaban sembradas de tres en tres en cada jardinera, y terminaron uniendo sus troncos, todo por aquella mano prodigiosa y frugal que los sembró tan esmeradamente.    

JLReyesMontiel.       



sábado, 30 de abril de 2022

El Curarire, es un tío viejo de antes.

Jardín Botánico de Maracaibo,
Estado Zulia.
Foto Eduardo Romero, descargada del portal
"Maracaibo, Tradición y Progreso"
Editada en su tonalidad
por éste servidor. 

Esta mágica imagen de amarillos intensos, ante el contraste de un cielo anunciando tempestades, me remontaron a las historias y cuentos de aquellos aguaceros, que nuestros viejos de antes, llamaban "Mata Sapos" porque era tal su intensidad, que los sapos morían a granel sobre las charcas y Jagüeyes; también aquellas leyendas de las denominadas, por nuestros queridos abuelos, padres y tíos, las "Mangueras de Agua" las cuales absorbían, cual gigantesca Bomba acuífera las aguas del ancestral Lago Marabino, regalando junto a ese rico manantial de lluvia, los incautos peces, entremezclados en ellas, desde nuestro magnífico estuario lacustre, cayendo sobre los tejados y las "majadas" de los Hatos.

Y la muchachada requecontenta, por aquel prodigio de la naturaleza, recolectando bajo la lluvia tropical, el Maná escamoso bajado del cielo, para deleite de la mesa familiar en las templarías estancias de nuestros campesinos.

El protagonista de este relato, por sus encantos y por tan bella imagen cuya musa inspiró, es “El Curarire” así llamado en el campo zuliano, donde emerge vigoroso entre finales de febrero, abril y principios de mayo, despojándose de sus dentadas hojas y vistiéndose de sus características flores amarillas, adornando los campos, carreteras y caminos, sobre el agreste y seco suelo, árbol emblemático y noble de nuestro campo Marabino, diferente al “Araguaney” solo por las lisas hojas de éste, y ser propio de terrenos más húmedos en el llano venezolano y en la montaña, pero ambos de una fuerte madera, la cual por su dureza, se emplea en las antiguas construcciones de nuestras casas típicas; en el Zulia, las cuales se talaban y torneaban para la hacer los llamados "Horcones" robustos fustes, donde se fijaban las “Cañas” y entre éstas, se sostenían piedras de “Ojo” o “Conchas de Coco” amalgamadas con “Cal y Canto”,  sobre los “Horcones” verticales, se apoyaban otros “Horcones” horizontales y sobre éstos las “Varas” elaboradas con madera de los árboles de “Mangle” muy abundantes en la costa y lago adentro, siendo mucho más liviano que la madera del “Curarire” el cual por su durabilidad y dureza se utilizaba, por nuestros “Maestros Albañiles” como base estructural de nuestras típicas casas de la Maracaibo de antaño.

Mi casa de infancia, de patio grande y jardines,
tal cual su imagen quedó reflejada en mi memoria
(Dibujo a mano alzada al lápiz).

Respecto de la construcción de aquellas casas marabinas, de nuestro pasado glorioso, mamá me contaba ciertos anecdóticos detalles, entre más ventanas poseía la casa, éstas demostraban el abolengo y riqueza de sus propietarios habitantes, por una parte; también se empleaba para la construcción de viviendas las “Conchas de Coco” las cuales resultaban más económicas, tanto por su recolección como por su abundancia, alrededor y en las márgenes de la costa del Coquivacoa, pero, pero por otra parte, repercutían en la calidad constructiva de la casa y en consecuencia, en las apariencias de la capacidad económica de su ocupante.

De tal manera que las piedras llamadas de “Piedras de Ojo” eran preferidas para la construcción por su durabilidad, siendo de estimar su extracción de los yacimientos de minas existentes en el subsuelo sedimentario de la planicie de Maracaibo, donde abunda por cantidades, pero es más costosa por su extracción. A simple vista, las “Piedras de Ojo” están formadas por sedimentos ferrosos, piedras y caliza, aglomerada y prensada por las fuerzas geológicas durante centurias, de este interesante material están formados los cerros costeros y tierra adentro en el Zulia y Venezuela. Desconozco realmente de su existencia en otros países.

En el patio del fondo de mi casa de la infancia, abundaban Piedras de Ojo, yo solía recolectarlas y observarlas detenidamente, me interesaba sus formas y las lucía en mi acuario, una vez bien lavadas y limpias, dejándoles solo el material más duro, de ese modo adornar el fondo de la pecera junto a la grada, sobreponiéndolas, les hacía a los peces un “Dolmen” que había visto en los libros de Historia del Arte de mi hermana Sara, y los peces pasaban debajo del Dolmen y también se escondían en él.

Las amarillas flores, despojan a El Curarire de sus hojas secas, anunciando el otoño figurado de nuestras singulares estaciones tropicales, dándole con su refulgencia visual la bienvenida al inclemente invierno, con sus fríos y torrenciales Aguaceros, demarcando en el despejado horizonte, amenazantes y tempestuosas, sus nubes cargadas de agua, en el cenit gris oscuro de los parajes montunos, con su paso movidas por el viento hasta hacerse “Chubasco” levantando la hojarasca de su reposo en el aún seco suelo o de las decomisas ramas despojadas, ésta turbada algarabía precede al golpeteo continuo de las gotas del Aguacero, que sobre los tejados, árboles y patios, hacen de aquella memorial atmósfera, brotar alucinadas impresiones, figurando delirios en otras precipitadas palpitaciones de incontenible llanto.

JLReyesMontiel