martes, 28 de mayo de 2019

“El que no cuida lo que tiene a pedir se queda”


Así decían los viejos de antes, mis tíos entre ellos, ese razonamiento sencillo pero irrefutable, poco quedó revelado por los venezolanos en el caso del –celo- debido por nuestro lindo país, será también por aquel aforismo popular según el cual “El que no oye consejo no llega a viejo”.

Y lo digo por los que están fuera de nuestro país, cuantos requisitos, cuantas vicisitudes, cuantos condicionamientos y regulaciones migratorias que se le presentan a nuestros paisanos fuera de ese magnánimo hogar que fue Venezuela; y a nuestro despecho, cuantas facilidades se le dio a los extranjeros en Venezuela, en el sector salud, educación, vivienda, bancario, en fin en todo, donde encontraron reposo y solidaridad de la que padecían en sus países de origen, y esa misma liberalidad con la que nos dimos fue una causa importante de nuestra degeneración como nación y -República independiente-.

Sentidamente se siente en el día a día, y no es una redundancia lingüística es una redundancia necesaria y emotiva, porque al mirar nuestro pasado inmediato y aún en la actualidad y con todo y la crisis por la que pasa Venezuela en éstas infames circunstancias, nuestro país sigue siendo objeto del abuso de la conciencia inmisericorde de los extranjeros.

En ese festín de bonanza petrolera llegaron a Venezuela de afuera gente digna y trabajadora, así como también mucho extranjero coño e’madre y eso hay que decirlo también con propiedad, mucho extranjero raspa cuero, corrupto y aprovechador; hasta entonces de esa oleada atraída por la riqueza de Venezuela, nuestro país era un apartado lugar agrícola y pecuario, con su propia vida provincial, en el campo con sus campesinos y en los centros urbanos sus hombres y mujeres, artesanos, trabajadores y profesionales, a veces enfrascados en guerras intestinas e insustanciales, pero eran nuestras guerras y querellas políticas, y como tales eran nuestras y las resolvíamos, pero Venezuela prevalecía por encima de nosotros mismos.

Ahora, en éstas dos primeras décadas del siglo XXI, esas nefastas consecuencias de la Venezuela post petrolera, de no haber cuidado con esmero lo que teníamos en nuestro país, nuestro hogar grande, nuestra casa, es como quién deja entrar un extraño en casa, pero eso pasó en Venezuela, nuestra casa grande, es como si cada venezolano se hubiese olvidado del país y su grandiosidad de lo que representaba en nuestras vidas, dejando al uso y abuso todo lo que no era propiedad privada, y las cosa pública al abandono y sus suerte, eso como era del uso público pues hagámoslo fiesta.

Más hoy, con un régimen que patrocina la intromisión harto conocida por todos, penetrados como estamos por ajenos intereses trasnacionales “conchupantes” de nuestros valiosos recursos naturales y en armónica connivencia con rastreros coterráneos civiles y militares traidores y serviles internos, eso duele y es lacerante.

Ahora estamos metidos en este berenjenal, jodidos con el pie del extranjero pisoteando nuestras vidas y lo que nos es más querido, nuestra patria. Pero ¿Por qué nos pasó esto? Muchas veces nuestros pensadores preclaros nos alertaron el mal camino por el cual íbamos pero nadie les paró bolas,  Uslar Pietri, Pérez Alfonzo, Ottolina entre otros, sin embargo fue más fácil festejar el aquelarre vil de bonanza y despilfarro, no había mañana sino un perenne festín, un bonche absoluto, un bochinche eterno. “Bochinche, bochinche, bochinche, es que está gente no sabe hacer sino bochinche” sentenciaba duramente el más universal de los Venezolanos Francisco de Miranda y ese dictamen quedó a horcajadas en las páginas de nuestra historia republicana como fatídico presagio de nuestro porvenir.

En Venezuela, la riqueza petrolera fue una maldición en lugar de una bendición, si los venezolanos hubieran hecho un válido aprovechamiento de ese recurso natural no renovable, pero que aún yace bajo nuestros pies con probados yacimientos los más ricos del mundo y eso llevó la apetencia foránea a tomarse posesión de nuestra tierra, ante una penetración sin pausa, constante, pensada y aprovechada por las circunstancias políticas que favorecieron e impusieron un régimen nefasto para permisar la entrada de sus "agentes  protectores extranjeros" bien conocidos por todos y sus propios cancerberos internos, y colocar la guinda que faltaba a esa gran torta que es nuestra bella y rica tierra Venezolana.

Esa dura lección del venezolano en el extranjero, y más que dura, terrible lección por la situación que viven los venezolanos en su propio país, ésto debe servir de aprendizaje indeleble, para consolidar un espíritu nacional de identidad con lo nuestro, con nuestro terruño, con nuestra casa grande, con Venezuela, para que en un futuro Dios mediante y con la unión de todos los Venezolanos de buena voluntad logremos salir adelante y por la libertad de Venezuela, vuelvan nuestros hijos, nietos, bisnietos, al solaz terruño amado y nos comprometamos a celarlo con cariño y afán frente al “pie insolente del extranjero”.

JLReyesMontiel.






      

sábado, 18 de mayo de 2019

La intervención Haitiana en Venezuela.

Primera y Segunda
Expedición de Los Cayos (1816).

Sentado en la bucólica Plaza de Armas de Santiago, observé a la gran cantidad de haitianos transeúntes por tan céntrico sitio de la ciudad, personas amables y respetuosas por demás, son de mirada franca y cordial, generalmente andan en grupos y eso los hace ver algo precavidos, ya mi hijo me había adelantado que reaccionan violentamente si son agredidos u ofendidos, pienso que son muy unidos y eso es bueno.

El asunto me hizo recordar un aspecto histórico, actualmente se habla mucho de intervención militar extranjera y esas cosas, dada la necesidad de superar la situación opresiva y despótica a la que está sometida nuestra Venezuela, se dice de una coalición de países liderados por EEUU como alternativa para proveer a nuestra Libertad y logremos recuperar nuestra República en democracia.

Durante la guerra de independencia venezolana, Simón Bolívar buscó alianzas estratégicas con Inglaterra contra la monarquía española, y en suelo venezolano derramaron su sangre ingleses, alemanes, irlandeses y escoceses; un antecedente a esa participación extranjera fue promovida igualmente por Francisco de Miranda en 1806 durante su fracasada expedición naval de la Corbeta “Leander” desde tierras Estadounidenses donde se embarcaron una gran cantidad de voluntarios europeos (veteranos de las guerras Napoleónicas) y ciudadanos de la unión americana. La corona española tildó de traidores y bandoleros tanto a Bolívar como a Miranda, tocándole a ambos persecuciones por parte de las autoridades españoles y a Miranda morir en prisión en el arsenal naval de La Carraca, Cádiz España.

Hoy al hablar de una posible alternativa de una coalición internacional para liberar a Venezuela del régimen que la oprime, también se tejen las mismas diatribas del pasado, tildando a sus promoventes como traidores a la patria y condenándoles al escarnio público y amenazándolos al rigor de la justicia, es decir su justicia; como si al mismo tiempo el régimen no empleará los mismos recursos con sus aliados extranjeros, por lo cual quien es más traidor o ¿Quién es el traidor? Despejando la incógnita llegó a la conclusión que son “traidores” los que han causan dolor y sufrimiento a su propio pueblo y tutores de la ruina de su propio país.

Y observando en su ir y venir a los haitianos de la Plaza de Armas acá en Santiago, recordé la Expedición de Los Cayos del año 1816,  cuando Simón Bolívar llega desde Puerto Príncipe, capital de Haití, a Los Cayos de San Luis, con órdenes del Presidente Alexander Petion para el gobernador militar Ignacio Marión, de proveer a nuestro Libertador de los recursos logísticos necesarios, armas y naves para organizar la expedición contando con 1.000 tripulantes patriotas y aportando los isleños 1.000 haitianos.

Bolívar y Alexander Petion
La expedición se llevó a efecto, con sus avances y reveses en dos ocasiones, permitiendo la liberación del oriente de Venezuela, posterior toma de Angostura en el corazón del Orinoco y la consolidación del gobierno republicano en tierra firme ya para 1819; pero el asunto que me hizo recordar la presencia de los negritos haitianos en la Plaza de Armas de Santiago, se destaca porque fueron ciudadanos de aquella floreciente República de Haití, primera en nuestro escenario caribeño en obtener la libertad, la nación que tanto aportara ese año de 1816 para la liberación de Venezuela en su guerra de independencia.

Hoy haitianos y venezolanos, nos encontramos nuevamente en éstas tierras australes, unos y otros por diferentes causas, aquellos por estar padeciendo una economía sin recursos y las consecuencias que acarrea en su país el desempleo, el hambre y la marginalidad; nosotros por tener todos los recursos naturales, de un territorio rico en minas e hidrocarburos, con la suerte de tener un país tan diverso y bello, pero arruinado y empobrecido, desmantelada su infraestructura, con una economía en banca rota, doblegada su población ante la ausencia de servicios públicos, medicinas y alimentos,  vilmente reprimida por un régimen burocrático, corrupto y mentiroso, quienes han pervertido sus fuerzas armadas en connivencia con apetencias de potencias foráneas orientales y del régimen totalitario que oprime al pueblo cubano, que yacen cual depredadores de nuestras riquezas en nuestro suelo continental venezolano; y que evidentemente constituyen un grave alerta, un aviso de peligrosa intromisión en países y pueblos vecinos a cuyos propios intereses corresponde proteger, el grito en su auxilio del pueblo venezolano.

La libertad de los pueblos no es privativa ni exime a otros pueblos recurrir en auxilio de sus oprimidos hermanos, más aún hoy día, cuando la tecnología y el desarrollo de los medios de comunicación social acortan las distancias y rompen las fronteras, la humanidad se haya en la encrucijada de sus más fatales circunstancias y el mundo es un microcosmos común de la humanidad, musa a la que inspiró el genio inmortal de Luis de Beethoven en su 9ª sinfonía.

JLReyesMontiel.