sábado, 15 de mayo de 2021

En honor a mis difuntos.

Pascual Reyes Albornoz, sobre su caballo Pantaleón,
una vida de trabajo y un legado de hermanos.

Uno va conociendo a la gente con el tiempo, no hay mejor juez que el tiempo, lo malo es que alguna que otra vez uno cae por crédulo, pues hace mucho daño al espíritu, andar todo el tiempo como paranoico cuidándose de la gente.

Durante la vida conoces personas, familiares incluso que nunca habías visto, pero que por razones consanguíneas son tu parentela, incluso, durante el ejercicio profesional como abogado, me topé dadas las circunstancias con parientes que ni pensarlo, eran mi parentela, por no decir mi familia, por ser de línea colateral en grado consanguíneo, no ostentaban el apellido Reyes, el cual, yo orgullosamente, llevo como mi patronímico.

Y cuando digo un pariente, es por aquello, que familia es la que se crió contigo, te lidió, te buscó y te encuentra, te llama y está en tus buenos momentos y en las situaciones difíciles, aún con más razón y sentimiento.

Un pendejo en estos días, en un comentario de redes sociales, pensó tomarme el pelo, pero ni tonto que yo fuere para caer en su charada imbécil, estúpida y sarcástica, enseguida lo elimine de mi lista de amigos y procedí al bloqueo respectivo de mi portal. A este edad y dimensión del tiempo, uno no está para soportarle a extraños sus pendejadas, y digo extraños, muy a pesar del indiciado en el caso, pues se cree muy merecedor y familiar.

De esos conozco una buena tajada, jalabolas, trepadores y oportunistas, eso es lo que son, les encanta el Whisky brindado y los pasapalos a granel, incapaces de mantenerse asimismo como profesionales, buscan a que sombra cobijarse, para obtener algún provecho o ventaja de sus relaciones sociales.

Nada es más sagrado que el entorno familiar, tu padre, tu madre, tus hermanos, sean de una o de otra parte, son tus hermanos, y esa vaina se respeta de parte de los “extraños” y se defiende con dignidad para quién le duela la sangre que vistes desde niño, porque eso si es familia.

Quién trata de menoscabar esa dignidad familiar, no es más que un pantallero, pues sin mirarse, asimismo, busca en los demás resaltar los defectos, que muy bien podrían recaer sobre si, como el que escupe para arriba, se ensucia.

En esta vida, el que esté libre de pecado arroje la primera piedra, así dice la escritura, como aquel otro que se rasga su vestidura, creyéndose especial, es incapaz, ante la presencia del Altísimo Jesucristo, de tomar piedra alguna contra la mujer adúltera de la parábola; falaz, mediocre, fanfarrón, cual fariseo en un Sanedrín de mentes morbosas y perversas.

Creó en la familia y en el gozo de su poder de unir querencias, pero detesto los bufones burlones, aquellos que tras de los bastidores de su parodia, teatro de mezquindades e innobles procederes, de chismes, brollos y demás especies antiéticas e innobles, resaltando los complejos y debilidades de sus semejantes, afrentan a todo buen juicio y a todo decoro personal.

Crecí conociendo las debilidades de mis familiares, sus pecados, sí, pero entre los míos no hubo ladrones ni asesinos, si mucho trabajo y esfuerzo, mucho arraigo y amor de padres a hijos y entre hermanos, eso conocí y fije en la memoria, mi madre potenció con sus consejos esas virtudes, y me formé de ese modo y con el ejemplo y el recuerdo grato de mis tíos paternos y maternos, sus tertulias y reuniones entre ellos y sus amigos, de sus difuntos y también de sus tristezas.

JLReyesMontiel