miércoles, 23 de junio de 2021

Héroes de Carabobo.

Thomas Ildeston Ferriar

Hijo de un médico escoses, Jhon Ferriar y hermano de otro oficial británico, John Ferriar, igualmente alistado en el Ejercito Libertador de Venezuela,  fue Thomas Ildeston Ferriar, prócer distinguido y héroe de la Batalla de Carabobo,  nacido en Manchester, Inglaterra en 1785, un poco más o menos.

El Gobierno de las Provincias Unidas de Venezuela (1817), mediante su emisario inglés, Jhon Dauwson Needham, contrata sus servicios como militar del Ejercito Libertador de Venezuela, gracias a las diligencias que, por encargo de Simón Bolívar, realizara el diplomático y abogado Caraqueño Luis López Méndez, en la Gran Bretaña, para reclutar personal castrense, aprovechando los contingentes de tropas británicas, holandesas y alemanas, que combatieron en las guerras Napoleónicas, las cuales con la derrota de Napoleón Bonaparte en Waterloo (Bélgica 18-06-1815), quedaron rezagados y sin empleo, aquella pléyade de veteranos oficiales y tropas, cuya experiencia en combate, muy bien sería aprovechada en las guerras de independencia de América del Sur.

El 4 de Mayo de 1817, el contingente reclutado, se embarca y parten del Puerto de Posmouth a las Antillas del Caribe, y desde la isla de Granada frente a los costas de Venezuela, son distribuidas las tropas legionarias alistadas a territorio Venezolano, siendo el oficial Thomas Ildeston Ferriar, asignado a la ciudad de Angostura, a las orillas del río Orinoco, actual Ciudad Bolívar del Estado Bolívar.

 En 1818, se traslada Ferriar con el grueso del Ejercito Libertador al mando de Simón Bolívar, hasta la región de los Llanos de San Fernando de Apure, como oficial integrante de las tropas legionarias británicas, comandadas por el Coronel Juan Blosset, siendo asignados bajo las órdenes del León de Payara, José Antonio Páez; trasladado el Ejercito Libertador a la Nueva Granada (hoy Colombia) para enfrentar a los Realistas y liberarla de la Monarquía, se cumple lo planeado por Simón Bolívar, con el triunfo de la Batalla de Boyacá el 7 de Agosto de 1819.

El Coronel Blosset fallece en 1820, Ferriar lo sustituye como interino comandante de las Legión Británica, y para 1821, es nombrado Ayudante General del Ejercito de Apure, con rango de Coronel de los Cazadores Británicos, batallón adscrito a la Primera División del Ejercito bajo el mando del General Páez.

Llegó así el 24 de Junio de 1821, cuando en la segunda Batalla de Carabobo, Ferriar se destaca como oficial superior del Batallón Cazadores Británicos, y toda esa legión de héroes durante las incidencias de la jornada bélica en Carabobo, Ferriar y sus legionarios marchando en auxilio del Batallón Bravos de Apure, librándolos de ser derrotados, cayendo gravemente herido el Coronel Ferriar, muriendo a consecuencia de las heridas de batalla en el Hospital de Valencia, el 17 de Julio de 1821.                 

 

Manuel Cedeño

En la región de Aragua, población del Cardonal, Mata de Herrera, nace Manuel Cedeño (06-05-1780), hijo de campesinos, Manuel Antonio Cedeño y Juana Hernández, su infancia se desarrolló entre las tierras de Maturín y Caicara del Orinoco.

Enrolado en las tropas patriotas (1810), combate contra los realistas que defendían a la Monarquía Española, entre los años 1813 a 1817, destacándose en el asedio y toma de la ciudad de Angostura (17-07-1817), acción que desplegó junto con su homólogo José Francisco Bermúdez, a las orillas del río Orinoco.   

En 1818, acompaña a Bolívar en la Campaña del Centro de Venezuela, venciendo al enemigo realista en la Batalla de Calabozo, el 12 de febrero de ese mismo año; siendo notorio el hecho, cuando por orden de Bolívar, hace preso a Manuel Carlos Piar, por insubordinación, y es trasladado desde Aragua de Maturín a Angostura, donde tras ser juzgado por un Tribunal Militar, es fusilado.   

Durante las sesiones del Congreso de Angostura, que postuló la Constitución de la República de Colombia (1819-1821), fue miembro designado por el mismo, como diputado.

En la Batalla de Carabobo (24-06-1821), comandó la II División del Ejercito Libertador, durante la refriega, pretendió cortar la retirada del Batallón Valencey, cuando una bala le mato, muriendo en el terreno de batalla.

 

Pedro Camejo

Sus compañeros del arma de caballería, motivados por su brío y habilidad con el empleo de la lanza, le apodaron “Negro Primero”, con el cual, se le ha conocido en las páginas de la Historia de Venezuela, quién con el grado de Teniente, fue Oficial de Caballería en el Ejercito Libertador con el nombre de Pedro Camejo.

La guerra de independencia venezolana, lo sorprende trabajando como esclavo, al servicio de un tal Vicente Alonzo, hacendado y terrateniente de las regiones de los Llanos de San Fernando de Apure, razón ésta, por la que, para emanciparse, aprovecha los tumultos de la guerra y forma parte de las huestes de José Tomas Boves, de origen asturiano y hecho guerrero por los avatares de la vida a favor de la Corona Española, muerto Boves por los Republicanos en la Batalla de Urica (1814), el “Negro Primero” queda montaraz, junto a los otroras lanceros llaneros del sanguinario Boves.

Aquellos llaneros, curtidos en las guerrillas de la extensa llanura venezolana, sin oficio alguno que no fuera, la azarosa vida a lomo de caballo y lanza al ristre, pronto se plegarán a los bravos llaneros de José Antonio Páez, para continuar sus andanzas, pero esta vez a favor de una causa nacionalista, al modo de ver del “Centauro de los Llanos” el Taita Páez, caudillo de los llaneros de Venezuela.  

Durante la Campaña del Centro de Venezuela, Simón Bolívar, General en Jefe del Ejército Libertador, se entrevista en San Juan de Payara, con el General José Antonio Páez, Jefe Supremo del Ejercito Patriota de Apure, para ganarlo junto con sus llaneros, a la causa de la guerra de independencia de Venezuela; durante esas jornadas, Bolívar conoce las destrezas de los llaneros de Páez, entre ellos las del Negro Primero su temple valiente y audaz, su fuerza, corpulencia y maestría con la lanza a caballo; oyendo los comentarios del General Páez, acerca de la lealtad y subordinación del Negro Primero, Bolívar conversa con Camejo, le pregunta porque se unió a los llaneros de Páez, Camejo le responde sinceramente que fue por codicia, haciéndole ver el Libertador, que la guerra debe dársele otros propósitos más nobles y fines superiores.

Pedro “Negro Primero” Camejo, formó parte de los 150 lanceros al mando de Páez, que enfrentaron la Caballería Realista al mando del militar y marino español Pablo Morillo, en los hechos heroicos del “Vuelvan Caras” en la Batalla de las Queseras del Medio (02-04-1819) recibiendo Camejo, la Orden de los Libertadores de Venezuela.

En la Batalla de Carabobo (24-06-1821), el Teniente Pedro Camejo integró los regimientos de caballería de la primera división comandada por el General Páez, derrochando su templanza en la lucha cuerpo a cuerpo, cuando en plena refriega, se presenta montado sobre su caballo ante su jefe Páez, quién le increpa: -Vuelve a la pelea y hazte matar, ante lo que el Negro Primero responde: -Mi general, vengo a decirle adiós, porque estoy muerto.   


Ambrosio Plaza

Estuvo desde las primeras acciones libertarias de la Primera República de Venezuela, bajo las órdenes del Generalísimo Francisco de Miranda, combatiendo a los rebeldes realistas de Valencia (1811) y contra el Capitán General de la Corona Española, Domingo de Monteverde (1812).

Perdida la Primera República, se incorpora al Ejército Libertador, al mando de Simón Bolívar (1813), siendo destinado al Ejército de Occidente, al mando del General Rafael Urdaneta, emprendiendo la retirada de la población patriota y sus fuerzas militares patriotas hacia la Nueva Granada.

Una vez consolidadas sus posiciones en aquella provincia neogranadina, marchó con Bolívar desde Tunja a Bogotá, en una operación militar, cuyo objetivo era combatir hasta vencer a los rebeldes realistas de Manuel Bernardo Álvarez (1814).

En 1815, es designado comandante de la infantería Guardia de Honor del Libertador, participando al lado de Simón Bolívar en acciones armadas sobre las regiones del Magdalena y Cartagena.

En la isla de Jamaica, migra junto a Bolívar, luego se trasladan a la República de Haití, donde reciben las fuerzas patriotas apoyo de su presidente Alejandro Petión, Ambrosio Plaza es ascendido a teniente coronel y se embarca con el Libertador en la llamada Expedición de los Cayos (1816), participa en las acciones militares de desembarcos dentro del territorio venezolano, Juan Griego, Carúpano y Ocumare; poco tiempo después y desde Choroní, bajo las órdenes del General Gregorio Mac Gregor, llevó a cabo la retirada a oriente.

En 1816, es ascendido a coronel y junto al también coronel Julián Montes de Oca, son destinados al mando del General Pedro Zaraza, para actuar en acciones de ataque y dispersión en el alto llano venezolano, las cuales sirvieron de apoyo a las operaciones ejecutadas por Bolívar y el General Manuel Carlos Piar, en la liberación de Guayana en 1817.

En 1818 formó parte de la Campaña del Centro y en 1819 de la Campaña de Apure, ambas dirigidas por Simón Bolívar, en la segunda campaña, ostentando el cargo de comandante del batallón Granaderos, de reciente creación.

En 1819 formó parte de la junta de guerra en la aldea de Setenta, donde se acordó la campaña de liberación de la Nueva Granada, destacándose en las batallas de Gameza (11 de julio), Pantano de Vargas (25 de julio) y Boyacá (7 de agosto).

En noviembre de 1820, Ambrosio Plaza y Antonio José de Sucre, se reúnen en el Humocaro (región del actual Estado. Lara), como parlamentarios ante el general Pablo Morillo, para formalizar la entrevista de Bolívar y Morillo, en los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, finalmente suscritos en Santa Ana, el 25 y el 26 de noviembre de 1820.

Las hostilidades de la guerra se suspenden por un tiempo, hasta su reanudación, entre los meses de mayo y el 15 de junio de 1821, donde en San Carlos llanuras del hoy estado Cojedes, el Libertador reorganiza el Ejército Libertador en 3 divisiones, confiándole el mando de la tercera división al coronel Ambrosio Plaza, postulándole ante el Congreso de Colombia, para el grado de General de Brigada.

Combatió en la batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821, al frente de su división, atacando frontalmente las posiciones realistas del Mariscal de Campo Miguel de la Torre, facilitando a las divisiones de los generales José Antonio Páez y Manuel Cedeño, ejecutar el desbordamiento del flanco derecho del bando realista; cuando decidida la victoria a favor de los republicanos, el Coronel Ambrosio Plaza, recibió una tiro de fusil, en el instante cuando alcanzaba la rendición de un batallón realista; muriendo al día siguiente.

Fueron los padres de Ambrosio Plaza, el Capitán de Milicias Don Diego de la Plaza y Liendo, y Doña Josefa Olbelmejías y Rengifo. Ambrosio Plaza, cuando apenas tenía 19 años, ingresó en calidad de cadete, en el Batallón de Milicias de Blancos de Caracas, siendo ascendido al grado de subteniente el 28 de agosto de 1810. El Congreso de la República de Colombia, para el momento de su muerte, había autorizado la postulación del Libertador Simón Bolívar, al grado de General de Brigada, otorgado al insigne Ambrosio Plaza.

Tumba al Soldado Desconocido


Data histórica compendiada de Wikipedia, redacción JLReyesMontiel.



    

viernes, 4 de junio de 2021

La Hermandad.

Obra del artista Pedro Vargas,
editada por mi persona para este portal.

Corría el año de 1985, estudiante de Derecho en nuestra amada e imperecedera Universidad del Zulia, ostentaba mis 25 años, con sus altos y bajos de la vida, entre aquellas reflexiones existenciales de época, buscando caminos, en los trances del destino y entre dudas metódicas, discerniendo verdades, dejando atrás pretensiones juveniles, un día de regreso a casa desde la Universidad, caminando los sitios de aquella otra ciudad de Maracaibo, llena de vida y calor, me dejé llegar hasta el interior del Convento de San Francisco, apartado del bullicio exterior de la Plaza Baralt que coronaba, como un trono celestial, entre el jolgorio de buhoneros y mercancías.

Aquellos son los mercaderes del templo, pensaba, pero una vez dentro del recinto franciscano, el olor de las velas encendidas por los piadosos y las reminiscencias de inciensos impregnados en los gruesos muros, me inducían al recogimiento y la oración; a esa hora del día y entre semana, un devoto realizaba la veneración perpetua del Sagrado Sacramento del Altar.

Con la señal de la cruz y de rodillas, inicié tantas veces mis meditaciones y sentado desde los escaños, mi vista se paseaba por el alto techo, sus maderas, la fornida arcada sobre el altar y el retablo de madera tallada al estilo ojival, donde unas representaciones sacramentales, configuraban a la imaginación del orante, una muestra de la piedad y santidad cristiana.

Si corría con suerte, mi confesor en ese tiempo, el Fraile Capuchino Castor (QEPD), lo encontraba Rosario en mano, orando dentro del Confesionario, y más que confesiones, sosteníamos una charla sobre diversos temas que yo le planteaba, él muy dispuesto me escuchaba y me hacía discernir sobre mis dudas y complejidades, que siendo uno joven sobreabundan, de ese modo fui superando tantas complicaciones juveniles arrastradas desde mi infancia, adolescencia y en ese momento de mi juventud aún requería deslastrar; que complicada es la existencia, cuando uno se enfrasca buscando verdades.

Para otros el asunto vivencial puede ser más llevadero, cuando los cuestionamientos no abruman la razón, cuando la simplicidad no supera las distracciones convencionales, comer, vestirse, divertirse y dormir, son el día a día, con sus obligaciones y deberes propios, estudiar o trabajar, es una rutina vital, que se quebranta cuando la cuestionas, cuando la replicas con otros argumentos, también valederos, pero peligrosamente aislacionistas. Superar el aislacionismo es difícil, si, por ejemplo, vas a una fiesta y una chica te saca a bailar, hasta afortunado era joven, pero, terminas pisándoles los pies por no saber bailar.

En esos años formé parte integrante de la Hermandad Franciscana, un grupo juvenil de oración y cantos, nos reuníamos los sábados en la tardecita, todo marchaba bien bonito y chévere, hasta que, al padrecito capuchino, que nos servía como nuestro guía y mentor, lo trasladaron a otra localidad de Venezuela, luego impusieron un fraile algo cascarrabias y entrado en años y el encanto, como la espuma, se desvaneció.

El padre Castor, aunque muy carismático, estaba demasiado anciano y cegato como para asumir esa tarea, de tal manera que con la presencia del nuevo fraile algo soberbio y muy poco carismático, poco ayudo a preservar la integridad del grupo juvenil, hasta dejar de reunirse los sábados por la tarde.

Seguí asistiendo como de costumbre a la Sagrada Eucaristía de los domingos, hasta que el padre Castor en su ancianidad dejó de celebrarlas, el tiempo así pasó, la vida tenía otros planes conmigo, ¿Quizás? Pero quedó en mi recuerdo aquel vibrante y colorido llamado, en una conversación de confesionario, el padre Castor me invitó en su español clásico: -Hazte fraile José Luis.

JLReyesMontiel 

 

martes, 1 de junio de 2021

El Rinconcito.

Régulo Montiel Ferrer

Érase el nombre de una pequeña tiendita, ubicada entre las avenidas 11 y 12 a la altura de la calle 69A, del urbanizado sector denominado desde antaño “Tierra Negra” de la ciudad de Maracaibo; cosa curiosa el nombre de esa zona de nuestra ciudad, siempre llamó mi curiosidad porque fue mencionado de esa manera Tierra Negra.

La única relación entre ese nombre y aquel antiguo caserío maracaibero, era los cascajos de carbón vegetal, que ennegrecían la arena del fondo existente en toda la esquina de la propiedad de mi padre Pascual Reyes Albornoz, ubicada en la esquina de la avenida 13 con la misma calle 69A, nomenclaturas actuales de ese sector marabino, dadas durante la administración municipal del señor Numa Márquez.

Cuando nos mudamos, sería el año 1965, un poco más o menos, de nuestra casa de El Saladillo en la calle Venezuela, nos residenciamos en esa propiedad; mamá me contó que antes era un Hato, cuyos terrenos mi padre fue vendiendo por parcelas, y en el cual, según en ese antiguo hato, por los años 1940-1950 se desempeñó como un Bar denominado “Claro de Luna” el cual mi padre rentó a una señora apellidada Godoy, cuyo nombre no me acuerdo. Más luego, en los años de 1960, estuvo rentado al desaparecido Ministerio de obras Públicas (MOP) como depósito de maquinaria y estacionamiento.

Lo cierto del asunto, en mi pueril imaginación, relacionaba el nombre de Tierra Negra, con la ennegrecida arena por el carbón vegetal depositado desde muy antiguo en la parte trasera de aquel viejo local comercial, propiedad de mi difunto padre, donde más después funcionó un Abastos de víveres, cecinas y abarrotes.

Es decir, aparte de las instalaciones del MOP, había un abasto en la esquina de aquella extensión de terreno, sobre el cual existió además de la casa de habitación del Hato, el local del Abasto en su margen derecha, el cual por muchos años estuvo rentado al abuelo de mi esposa Mercedes, el señor Jorge Sánchez Ferrer, padre de mi suegro Geramel Sánchez Montiel, casado con mi tía María Mercedes Montiel Fuenmayor.

Para trasladarnos a esa casa de Tierra Negra, papá resolvió los contratos de arrendamiento sobre la referida propiedad, en ese entonces, ese sector prosperaba con auge urbanístico y proyección de la ciudad de Maracaibo hacia su parte norte, dejando atrás los vestigios de sus estrechas calles y avenidas del centro, por otras mucho más amplias y solariegas, como hoy día se puede constatar al pasearse por esa zona de la ciudad.

Mamá estaba muy entusiasmada con el cambio de residencia, pues hacia la avenida 11, estaba la casa de su hermano Nicomedes Montiel Fuenmayor, y un poco antes, como indiqué, entre las avenidas 11 y 12, la casa de mi primo hermano Régulo Montiel Ferrer, hijo de tío Nicomedes; además de la casa “Rafecar” propiedad de su contemporánea sobrina Carmen Romelia Sánchez Montiel, y un poco más arriba, hacia la avenida 15 Las Delicias, vivía mi abuela Mamá Carmela, es decir, estábamos sobrados de familia, en ese ambiente me crie, para que vos veáis.

Papá fallece sensiblemente en el año de 1967, tenía yo 7 años de edad, eso definitivamente configuró mi vida y mi destino, contra viento y marea estoy echando el cuento, gracias a Dios y a mi madre; pasaron algunos años, y mi primo hermano Régulo, vecino nuestro, sería por los años 1.971-1972, estableció en su casa un pequeño abasto, denominado “El Rinconcito” en el cual aparte de víveres, vendía las Guayabas y los Limones cosechados por mi madre en el patio de nuestra casa.

El primo hermano Régulo, tenía una particular forma de mirar, de abajo hacia arriba, mamá me contó que fue la secuela de una fuerte fiebre, pandemias locales de época, llamada por la gente “La Perniciosa” sufrida siendo niño, llegando a tal extremo su temperatura corporal, que se le viraron los ojos y se quedó el muchacho así, mirando para arriba toda su vida.

Una mañana de tantas, mamá me encargó fuera a la tiendita del primo Régulo, por un paquete de fideos, un cuarto de kilo de Queso de Año y un potecito de salsa Ronco, para los espaguetis del almuerzo de aquel día; al llegar a la tienda para hacer el mandado, sorpresa la mía que los acuciosos y enrevesados ojos de mi primo hermano Régulo, detectaron la simiente de la abundante vellosidad, que apenas afloraba sobre mi boca y pecho, diciéndome: -Muchacho vos si váis a ser peluo! Fue tal mi pena y pudor, que, por esa, digo hoy tontería, deje de visitar la tiendita de mi primo hermano Régulo.

JLReyesMontiel