sábado, 4 de diciembre de 2021

Entre Orejazos y Coscorrones.

Cuando inicie mi escolaridad, por los años 1965-1966, fue en el Colegio Las Mercedes de la Orden de las Hermanas Franciscanas, a saber, la edificación que se encuentra enclavada detrás de la hermosa iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes, formando el conjunto arquitectónico una verdadera isla por entre la bifurcación de la avenida Universidad, que va desde Bella Vista hasta el semáforo donde ésta termina, un poco más allá y a media cuadra del tradicionalísimo negocio “El Manguito”. 

Muchos recordarán “El Manguito” local de venta de los famosos cepillados y manjares de golosinas típicas Maracaiberas, tales como Conservas de Coco en todas sus variedades, Conservas de Maduro y de Leche, Conservas de Papelón con Maní y Ajonjolí, Calabazates, Ponquesitos, Tortas, Galletas de Huevo, Paledonias, Palmeritas, en fin, una variedad de exquisitos acompañantes para deleitar al paladar con un refrescante cepillado de la fruta de tu preferencia, a mí me gustaban los de Mango, Ciruela, Zapote y Níspero.


Les decía de mi escolaridad, la inicie en ese lindo entorno Maracaibero, donde además, encaminándose hacia la iglesia, en la esquina de la avenida Universidad y Bella Vista, se encuentra el Colegio La Merced de la Orden de las Hermanas Mercedarias, donde estudiaba mi hermana Sara María (QEPD), dicho colegio fue levantado sobre el sitio donde en la Maracaibo del siglo XIX, se encontraba “La Hoyada” pozo natural de agua dulce, donde se proveía la población Marabina del vital líquido, hasta que la alta salobridad del mismo, impidió su consumo humano.

Pues bien, con las hermanitas Franciscanas de las Mercedes, aprendí mis primeras letras y mis primeros números, tarea nada fácil sin duda alguna, dígalo ahí, quién vivió la –tortura- de deletrear el Libro “Angelito” de la mano de la maestra, y en casa de la mano de su mamá, de una u otra forma que recuerde, la manera como se agitaba mi corazón no era nada agradable.

Y eso resultaba en las mejores circunstancias, recuerdo a la querendona de mi maestra Ilma y lo comprensiva de mi mamá, pero, pero inevitable, llegada la hora de la supervisión de la Hermana Nieves, cuyo nombre no olvido, precisamente no por lo querendona, sino por la jalada de orejas y coscorrones que propinaba sino aprendías la lección, terrible de verdad.

De aquel tiempo de aprendizaje nunca jamás olvidaré, varias anécdotas,  la primera, la escena del momento cuando se orinó rezando, una compañerita de nombre Sandra, por cierto, lo que me gustaba era enea; en esa época, rezábamos en las filas de los pasillos, antes de entrar al aula y después dentro del salón antes de iniciar las clases, eso era bueno sin duda alguna, y era tanto el respeto a nuestros preceptores maestros, que mi compañerita Sandra, por no interrumpir la oración se fue en "miaos" entre sus piernas y hasta el piso, quedó el charquero de orines.

Recuerdo también, cuando me castigaron, unas cuantas veces, encerrándome en el oratorio del colegio, castigos unos justificados otros quizás, el motivo eran asuntos infantiles, pero ahora veo que es de necesaria implementación, para corregir el carácter del muchacho a tiempo; recuerdo una ocasión por estarme riendo en la clase de Catecismo, una monjita me llevó de la mano hasta el oratorio, era una capillita situado dentro del mismo colegio, con su altar y escaños respectivos, para la meditación interna de las hermanas, la joven monjita con su carita enmarcada por su blanco y almidonado hábito, me dijo: -Quédate sentadito tranquilito y rezando, hasta que vengan a buscarte, nuestro señor Jesucristo te acompañará y no tengas miedo él estará contigo desde el altar… En la espera, escuchando el recóndito silencio del lugar, mientras esperaba y mirando hacia el decorado y bello altar, tratando de encontrar a Jesús, me quedé dormido.

En otras ocasiones me dejaron sin recreo, encerrado en el salón de clases sino estaba atento a la lección; recuerdo una de ellas fue por el número 17, como todos sabemos, los números después del diez van once, doce, trece, catorce, quince, pero, pero me confundía en el asunto del cambio con el dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve y veinte; la cuestión iba bien aquella mañana, menos con el diecisiete, en eso sonó el timbre del receso, mi cara mostró una inmensa sonrisa liberadora, frente a frente y ante el fieltro verde de la cartelera, donde la monjita con sus manos fijaba los números en molde de recorte con “chinches” para que yo se los fuera pronunciando uno a uno, hasta atascarme en el 17, pero, ante mi inmensa sonrisa, la monjita me dejó sin recreo, frente a la cartelera con el “17” frente a mi cara sobre el fieltro verde y repitiendo: -Diecisiete, diecisiete, diecisiete, hasta terminar el receso, cuando regresaron a clase los otros corajitos, la hermana Nieves, me interpelo: -¿Dígame el número? Con una sonrisa que no me cabía en la cara le respondí: -Diecisiete. 

Mi papá Pascual Reyes Albornoz, padre amoroso y consentidor de todos sus hijos, un buen día, escuchó mis quejas sobre la nombrada Hermanita Nieves, como le decíamos los corajitos en el colegio: -Papá, la hermanita Nieves me jala muy duro las orejas papá, me las deja calientes, sino me da un cocorronazo en la cabeza papá… Aquel día, me bajé envalentonado del carro, con mi padre de la mano, dispuesto a enfrentar a la monjita –cocorroneadora- al vernos caminar hacia ella por el pasillo, la hermanita Nieves se puso más blanca de lo que era, tal cual, como su nombre y su hidalga estirpe española de pura cepa con acento y todo; papá muy cortésmente se hizo escuchar de mi queja, a la Hermana Nieves no le quedó otra salida que resaltar mi buena conducta y obediencia, a lo que yo, viendo que la monjita se salía con las suyas, estando presente la monjita, le repliqué a mi padre: -Papá, ella te dice así ahorita, pero dejá que te váis, entonces me retuerce las orejas y me da un cocorrón en la cabeza.

JLReyesMontiel.






   

domingo, 24 de octubre de 2021

Urdaneta, Paladín Zuliano.

El General en Jefe Rafael Urdaneta, nace un día como hoy en Maracaibo, en el año 1788. Cursa estudios latinos en Caracas y Filosofía con los frailes franciscanos en Maracaibo. En 1804 fue enviado a Bogotá, al cuidado de su tío Don Martín de Urdaneta por quien obtuvo empleo en el Tribunal de Cuentas. En su cargo de Oficial 3º tuvo que atender los asuntos relacionados con los pagos de las tropas acantonadas en el Virreinato, adquiriendo así valiosos conocimientos sobre la administración de personal militar.

Cuando Bogotá declara su independencia el 20 de julio de 1810, Urdaneta es de los primeros en presentarse para ofrecer sus servicios a la causa libertadora. En calidad de Teniente empieza su carrera militar, en el Batallón llamado "Patriotas de Cundinamarca".

Triunfante Bolívar en la acción de Cúcuta (27 de febrero de 1813), escribió al Poder Ejecutivo solicitando la autorización "para continuar nuestra marcha victoriosa y presentarnos delante de las ruinas de la ilustre Caracas". Pero, la falta de comprensión, las intrigas y la indecisión del Gobierno, y muy especialmente la oposición del Coronel Castillo, segundo Jefe, retardan la salida de la expedición proyectada. Basaba el segundo Jefe sus críticas y falta de apoyo, en las pocas fuerzas disponibles y muy principalmente en la creencia de su mayor valer como Jefe Militar.

Finalmente, presentó su renuncia al Gobierno de la Unión; con su ejemplo, otros oficiales opuestos a la Campaña en favor de Venezuela, o simplemente reacios a salir de la Nueva Granada, también renunciaron, entre ellos el mismísimo Francisco de Paula Santander,  llegándose a temer por la suerte de toda la división. La energía de Bolívar se opuso y triunfó "de la envidia de unos y de la cobardía de otros". En ese trance, en aquellos críticos momentos, Urdaneta entra en la Historia al escribir a Bolívar: "General: si con dos hombres basta para liberar la Patria, pronto estoy a acompañar a Ud." 

A pesar de la anarquía, de los consejos de Castillo y de la escasez, los razonamientos de Bolívar encontraron apoyo en los gobernantes y obtenida la autorización y los recursos que éstos pudieron enviar; con unos 500 hombres inicia Bolívar su campaña de reconquista de su natal Venezuela, bautizada luego y con razón, como Campaña  "Admirable". Urdaneta, quien se había unido en Cúcuta, fue nombrado Mayor General. Por ello, llevará el control de toda la Infantería.

La Campaña "Admirable"
                            
El Ejército marchó dividido en dos columnas, de ellas, la segunda, de retaguardia, al mando de José Félix Ribas. El 23 de mayo de 1813 Bolívar entró en Mérida, ciudad en la cual tomó las decisiones fundamentales de la campaña.

Como primera medida importaba liberar a Trujillo y destruir las fuerzas de Barinas, no sin situarse entre las comunicaciones de éstas y Valencia a fin de impedir su refuerzo.

Urdaneta en campaña
Urdaneta encargado de reunir y hacer marchar el material dejado a retaguardia, se reunió con Ribas en Boconó (30 de junio de 1813), de donde siguieron el mismo día hacia la Boca de Monte. Allí supieron que el español Martí avanzaba por el camino de Calderas en la idea de atacar la retaguardia de Bolívar. Ribas resolvió, no sin acordarlo con Urdaneta, contramarchar para combatirlo. El 2 de julio batieron al Jefe español en la "desigual" acción de Niquitao.

Batalla de Niquitao.

Episodio de esta Campaña de trascendente importancia para su avance al centro de Venezuela y toma de la ciudad de Caracas,  al amanecer del día 2 de julio los patriotas avanzan hacia los españoles, observa José  Félix  Ribas la defensa de las tropas enemigas.  El jefe patriota ordena a sus soldados del centro, comandados por el entonces Mayor Rafael Urdaneta, que abran fuego contra las posiciones enemigas, cosa que realiza el marabino y mantiene su posición por espacio de una hora, luego recibe la orden de romper la línea central del enemigo con el grueso de toda su tropa, mientras tanto otro grupo de patriotas comandados por el capitán José María Ortega mantienen otro ataque en contra del ala derecha del enemigo, la estrategia militar de Ribas es ahogar en fuego cruzado al enemigo y éste se ve forzado abandonar su posición por la embestida de los patriotas para así obtener mejor posición en una altura más importante de la colina.

El ataque patriota sigue por tres horas más, y entonces  Ribas ordena a su caballería que marche por el camino real para embestir a la retaguardia enemiga. El enemigo, derrotado, huye desordenadamente. Los patriotas hicieron prisioneros a 445 realistas, obteniendo también 450 fusiles, 60 sables, 160 tiros de cañón  dos piezas de cañón y gran cantidad de municiones. La derrota española fue tan grande y su defensa tan feroz que Martí escapó con sólo seis compañeros. Esta fue la primera de la batallas ganadas por el Coronel, en ese tiempo José Félix Ribas acompañado por otros bravos patriotas como el Mayor Rafael Urdaneta, los Capitanes Campo Elías y José María Ortega.

Después de esta acción los patriotas reanudan su marcha para conquistar la capital de Venezuela.

El Coronel español Izquierdo había salido de San Carlos hacia Valencia. Monteverde le ordenó ocupar de nuevo San Carlos. En la imposibilidad de cumplir esta curiosa orden (allí estaba el grueso patriota), Urdaneta el 29 en la noche supo de la situación de Izquierdo y a las 12 de esa misma noche movió sus tropas sobre los españoles para batirlos antes de que se reforzasen con la tropa de Monteverde.

La descubierta patriota chocó con el enemigo el 31, en "las alturas que dividen la sabana de los Pegones de la de Tinaquillo". Urdaneta, quien la mandaba, hizo prisioneras a casi todas las avanzadas de Izquierdo y lo maniobró a fin de engancharlo, para dar tiempo a la llegada del grueso patriota. El combate de la caballería patriota contra la infantería realista (que era de la mejor de su ejército) no progresaba, al contrario, Izquierdo en formación cerrada retrocedía rechazando los ataques. Bolívar ordenó entonces que 200 infantes se montasen en la grupa de otros tantos jinetes y que fuesen colocados sobre la retaguardia realista; Urdaneta fue de los Jefes encargados de este movimiento, el cual decidió la acción. Los realistas fueron destruidos.

Domingo de Monteverde

El Gral. Realista Domingo de Monteverde huyó a Puerto Cabello, donde se fortificó en sus castillos. Sobre el cual se destacaron algunas tropas. Urdaneta siguió a Caracas a donde Bolívar entró el 7 de agosto de 1813, con el titulo de Libertador de Venezuela.

Había terminado triunfalmente aquella extraordinaria empresa comenzada dentro de tanta intriga y mezquindad. En su preparación, en las marchas y combates ocupó Urdaneta puesto eminente. Señalándose a la atención de Bolívar, cuya amistad jamás perderá y al respeto de los Jefes y Oficiales. Para todos será ejemplo de serenidad y valentía. De los más arduos en el combate y de los más reposados y claros en el consejo.

Cae la segunda República y con ella el esfuerzo desplegado heroicamente de nuestros bienhechores, pero siguiendo en orden de importancia las acciones de nuestro paladín de la libertad Gral. Urdaneta ya en otros episodios de nuestra independencia, para el año 1820,  recibe instrucciones de operar sobre Maracaibo para lo cual el 1º de enero pasó al Arauca, siguió por la Cordillera y marchó por Chita hacia Pamplona. Cerca de Cúcuta encontró en retirada a las tropas adelantadas hacia San Cristóbal y supo que La Torre estaba en los alrededores de La Grita.

Reunió esas fuerzas y marchó contra los españoles a quienes empujó hasta el otro lado del Chama. Llegado Bolívar a San Cristóbal, le ordenó observarse a La Torre y sostuviese la línea San Cristóbal, Táriba, Lobatera.

Libertador Simón Bolívar

Comisionado por Bolívar para buscar parque en Achaguas (3.000 fusiles, etc.), desempeñó la comisión, regresando además con dos batallones. Los meses siguientes los pasó reforzando sus tropas. Tomó parte en las negociaciones previas al armisticio entre Bolívar y el español Pablo Morillo. Tuvo la suerte de recuperar para Venezuela la Provincia de Maracaibo. Roto el armisticio, fue enviado a organizar una división en Maracaibo, para actuar sobre Coro y concurrir a la concentración que el Libertador encaraba efectuar en San Carlos para dar batalla decisiva. Al efecto marchó de Maracaibo el 1º de mayo de 1821; pasó el Lago, destruyó a los realistas de Camarigure y de San Félix. Siguió sobre Coro por Casigua. Alcanzó Mitare el 9 de mayo. A Coro el 11. El 25 recibió instrucciones del Libertador fechadas en Barinas el 14 de mayo, donde se le decía buscara la reunión por Guanare o si los realistas se interponían, se juntase con Cruz Carrillo y efectuase las operaciones que creyese convenientes.

La fuerza llevada por Urdaneta muestra su capacidad administrativa, sus dotes de organización y el éxito de la marcha su capacidad de Jefe. No pudo asistir a la Segunda de Carabobo; pero sus servicios habían sido tan eminentes que Bolívar el 6 de junio de 1821 pidió su ascenso a General en Jefe.

Conocedor de las intrigas contra el Libertador y su obra, toma posición, no distinta de la que siempre tuvo. Lealtad y franqueza distinguen no sólo su conducta, sino su correspondencia. A Páez reprocha su olvido de los intereses de la Patria. A Bolívar previene de las ambiciones de Santander.

El año de 1928 desempeña la Secretaría de Guerra y le toca presidir el Tribunal que debió juzgar a los asesinos del atentado de setiembre contra la vida de El Libertador.

Francisco de Paula Santander


En la sentencia contra Santander decía: "Que como ciudadano de Colombia y mucho más como General de la República no sólo ha cumplido con sus primeros deberes de haber impedido la conspiración y asesino premeditado contra el Jefe Supremo de la Nación, sino que se tramaba el horrendo designio de asesinar en Soacha al Libertador"… "En esta virtud se declara que el General Francisco de Paula Santander, se halla incurso en la calificación que comprende el segundo inciso del artículo 4 de este último decreto a la pena de muerte y confiscación de bienes a favor del Estado, previa degradación de su empleo, conforme a Ordenanza, consultándose esta sentencia para su aprobación y reforma con S.E. el Libertador Presidente".

Urdaneta actuó cargando "con cuanto de odioso tienen las dos conspiraciones, creyendo que un ejemplar castigo daría la paz a Colombia"… "Más, todo ha sido vano y mi trabajo se ha perdido; se han fusilado cuatro miserables"… Urdaneta creyó en la culpabilidad de Santander y no fue partidario del indulto, pues vio en él la ruina de Colombia. Ya en el año 1830 se esfuerza en conservar la unidad de la República. Pero temeroso de la guerra civil recomendó al Libertador, que antes de irse, decretarse la separación. Pero el Libertador, resolvió dejar dicho asunto al Congreso. ! Pasó entonces Urdaneta como sospechoso!

La reacción contra los amigos de Bolívar no perdonaría a Urdaneta su lealtad y desvelos. Renunció por ello a la Comandancia de Armas y salió con su familia. Las revueltas sucedidas lo llevaron a proponer se llamase a Bolívar, pero sólo con carácter de General. Pero la renuncia de Mosquera y el deseo de los vecinos de Bogotá y de las tropas le encargaron del Gobierno y de que llamase al Libertador.

General en Jefe Rafael José Urdaneta Faria

Muerto Bolívar, Urdaneta propuso se convocase al pueblo para decidir sobre el Gobierno y renunció al mando. Se acordó con el vicepresidente Caicedo y firmaron un arreglo, allí mismo pidió Urdaneta pasaporte, escaparía al asesinato milagrosamente. En Santa Marta, Venezuela le cerraría sus puertas; más tarde, después de haber perdido sus pocos dineros en el exilio, se le permitiría vivir en la provincia de Coro, allí tuvo la satisfacción de que se le eligiese representante al Congreso. Fue Ministro en el Gabinete de Soublette. Cumpliría comisión en Angostura a la muerte de Heres y finalmente, enviado a España como representante de la República, para las ratificaciones del Tratado de Paz y se enferma gravemente de un cálculo renal y moriría en París el 23 de agosto de 1845, rogándole a sus hijos que devolvieran los viáticos que le fueron dados por no haber cumplido cabalmente su misión.

Urdaneta fue el General que con excepción de Bolívar recorrió más el territorio nacional, con las armas de la República. Era enemigo de la anarquía y veía con horror los caminos seguidos por quienes desmembraron a Colombia. En fin, Urdaneta es una de las más interesantes y grandes figuras de nuestra historia. Y fue de los pocos, capaces de comprender el valor histórico real de la concepción, del ideario político bolivariano.

Bibiliografía. Data histórica tomada de Wikipedia, Venezuela Tuya y Google. Editada, compendiada y redactada por el Abogado José Luis Reyes Montiel. 


domingo, 17 de octubre de 2021

Oribor, un paseo de playa y Sol.

Un poco antes de llegar a la hermosa y colonial Los Puertos de Altagracia, nos encontramos, con la desviación a mano derecha de la estrecha carretera que conduce hasta Quisiro, pueblo escondido en la inmensidad de aquellas extensas planicies que forman la parte norte de la costa oriental del Lago de Maracaibo.

Una vez llegados a Quisiro, se busca la salida del pueblo que sigue a la hermosa playa cuyo nombre originario es “Oribor” según nos comentó un señor cuyo nombre no recuerdo, pero, como señal de su persona, si recuerdo que le faltaba el dedo pulgar de su mano derecha, perdido según nos contó en sus faenas pesqueras de antaño, a éste tiempo aquel amable personaje de la playa Oribor que recibía al turista visitante, a su avanzada edad de entonces, debe estar muerto en este otro tiempo.

Mi carro, un Chevrolet modelo Caprice, color gris plata con techo de vinil negro, resplandecía al fulgor de los rayos solares desde el despejado y esplendido cielo azul, siendo que lo tuvimos que dejar estacionado a la entrada de la playa, pues hasta ahí llegaba el asfaltado de la carretera, ya que los arenales en formas de Dunas, bloqueaban el acceso hasta la línea de la costa, solo vehículos de tracción podían superarlos.


Mercedes mi esposa, se encargó de Carmen Mercedes y a Elías José, ya Ezequiel venía en camino en la pancita de mi señora, yo bajé la cavita preparada la noche antes, con su contenido de hielo y cervezas, por cierto, una rica Cerveza de época, marca “Cardenal” de excelente sabor, calidad y efectos alegres que eran la sensación del momento.

Sobre mi cuello colgaba la Cámara “Pentax” de mi esposa Mercedes, infaltable en toda aventura turística emprendida, de las cuales érase aquella jornada una de nuestras primeras salidas a visitar entrañables lugares de nuestra bella geografía venezolana; en mi otra mano izquierda mi Reproductor de Cassettes marca “Riviera”, que compré barato en una oferta de oportunidad en una famosa Tienda marabina, muchos la recordarán “Pepeganga”.


Ya situados y acomodados en la orilla de la extensa, amplia y despejada playa de Oribor, nos echamos un playazo mi esposa y yo, alternándonos cuidando a los niños, previsión, ante todo, vos sabéis, disfrutando de las cervecitas y escuchando nuestros temas musicales favoritos de entonces, estaba muy de moda el grupo español “Mecano”. 

En el mediodía, el señor del dedo pulgar mocho, nos llevó nuestro almuerzo de ese día de playa, pescado frito con Yuca, y buen provecho, le dimos matarile acompañado con la cervecita “Cardenal” un banquete de sabores y gustos. 

Sobre la arena de la playa reposé mi almuerzo, escuchando la música sonando desde el reproductor, al rato me levanté para echarnos otro playazo alternado, y seguir pasándola chévere mirando el horizonte infinito de aquella extensa costa que corona el norte del extremo más occidental del Estado Falcón, más allá continuaba las también conocidas playas de “Miramar”.

Ya casi oscureciendo, nos regresamos a casa, con el Crepúsculo asomado cual faro guía del camino, con la seguridad que daban aquellos frugales años vividos, donde la armonía era el reflejo de vivencias hoy añoradas, cuanta emotividad guardan los recuerdos de mi hermoso país y de aquella su gente buena y amable, como el viejo pescador que perdió su dedo pulgar en sus faenas diarias, tomando su sustento de los frutos del mar que le acompañó toda su vida. 

Cielo y horizontes plenos de belleza incomparable, majestad soberana deslumbrante de paisajes es mi linda Venezuela de principio a fin, todo su territorio todo un paraíso, como la llamó Cristóbal Colón “Tierra de Gracia” como la llamó el ítalo Vespucio “La Pequeña Venecia” la Venezuela de ayer y de hoy siempre bella, nuestra esperanza está guardada entre su cielo y su tierra, y en las almas nobles del venezolano auténtico, y en las almas sublimes de sus hijos mártires. Ay patria mía! Cuanto dolor en la abierta herida del corazón.

JLReyesMontiel

Mecano - Naturaleza Muerta

             

sábado, 2 de octubre de 2021

¡Gracias!

Hace unos cuantos años, 1979, con mis juveniles 19 de floreciente edad, formalicé amores con una joven muchacha, que conocí en la Facultad Experimental de Ciencias, en esa época, la inolvidable e insigne Universidad del Zulia (LUZ), previa unos estudios preparativos de inducción vocacional denominados Estudios Generales, sería así y en aquel estudiantil ambiente, donde en los pasillos de aquellas instalaciones, ubicados dentro de los terrenos del antiguo Aeropuerto “Grano de Oro” de Maracaibo, conocí a mi primera novia formal, pues pedí su mano a sus padres, en visita oficial a su casa familiar.

La familia, muy tradicional y del Llano Venezolano, tanto la mamá de mi novia como su papá, en consecuencia, también mi novia y sus hermanos, oriundos todos de las extensas sabanas abrazadas por el norte, por la gran Cordillera Andina y por el sur, por el majestuoso río Apure, tratábase del hermoso Estado Barinas, desde donde se vinieron hasta nuestra ciudad de Maracaibo, para la educación universitaria de la prole familiar.

Era de entender, que una vez en nuestra ciudad, echaran profundas raíces con nuestra gente, pues si de algo se caracteriza el Maracaibero, es por su jovialidad y espíritu familiar, que en general es paradigma consecuente de todo venezolano de bien, encuéntrese donde esté en el orbe terrestre.

Yo solía hacerle las visitas a mi novia los días sábados en la tardecita para la noche, pues el resto de la semana era para cursar mis estudios al igual que para ella, era su deber consecuente, además yo trabajaba en el horario vespertino, como escribiente supernumerario en la Oficina de Registro Público II del otrora Distrito Maracaibo,  y los días domingos eran para mi descanso personal en mi casa, haciéndole honor al consejo de mi madre: -En casa de tu tía, no todos los días, pues fastidias a la gente y mal acostumbras a tu novia, además que terminas también por fastidiarla en su propio espacio y entorno familiar.

Así pasaron los encuentros de aquel mi primer amor, entre los pasillos de la Universidad y la casa de mi novia; también hubo sus desencuentros, en una fiesta que invitaron a mi novia y sus hermanos, fui invitado también como novio de la muchacha, como era natural en esos tiempos, llegado el momento de echar un pie bailando, quedé como muy mal bailador, siendo el hazme reír de la velada juvenil, de tal manera, que asumiendo mi ineptitud al baile, prefería sentarme y tomarme mi bebida degustando pasapalos y charlando con mi novia, pero, como también es natural, no puedes doblegar a tu modo de ser la disposición juvenil de una muchacha que si le gustaba bailar y que de paso lo hacía bien, de tal manera, era una verdadera encrucijada decidirme a dejarla bailar con otro joven, para lo cual, mi gallarda actitud varonil jamás lo permitiría, o simplemente ser permisivo y aguantarme la vaina, pero finalmente asumí la primera de las posturas dichas. 

Pasó aquel asunto de mi falta de aptitud como bailarín, al fin y al cabo, las fiestas no son todos los días, sino por ocasión y como de paso, a pesar de mi juventud, yo no era muy fiestero que se diga e incluso, me sobran los dedos de mis manos para contabilizar las veces que fui a una discoteca de época, de tal manera que, quién me amara de verdad, tenía que comprender que como bailador, no contará conmigo y menos de mi parte, ceder los imprescriptibles y exclusivos derechos de posesión amorosa, al más fino estilo del hombre del Cromañón.

Todo marchaba bien como novios, entre la Universidad y mi trabajo, hasta que mencionaron el papá y la mamá de mi novia el tema del “casorio” a decir del modismo de su tierra llanera, ellos como acostumbraban casaban a sus hijos jóvenes, para proveerse de prole de nietos y acrecentar la familia, como es su respetable sentido consanguíneo; una tarde iba de visita sabatina, como era normal, pero mi novia me esperaba a la entrada de las residencias donde habitaba con su familia y me alertó muy atribulada: -Papá está muy tomado, te está esperando para hablar contigo. Yo como no tenía nada que temer ni que ocultar en mis intenciones, ni me asusté menos me puse nervioso, solo asumí que su papá quería conversar conmigo, y si en verdad me intrigaba ¿Cuál sería el tema de dialogo?

Al entrar a la sala y subsiguiente comedor de la familiar estancia, sobre la mesa reposaba un imponente revolver calibre 38, realmente no me amilanó, sino que más bien llamó mi atención, pues me encantan las armas de todo tipo; al margen del arma de fuego una espléndida botella de Whisky del que llaman en Venezuela “Etiqueta Negra” la flanqueaba, y al señor padre de mi novia, se le percibía en su mirada, los efectos de Vaco en su delirio, me invitó eso sí, muy cortésmente a que lo acompañara a tomarnos unos tragos, para lo cual soy un perfecto e ideal catador y compañero, con toda la actitud del gusto y aptitud del buen bebedor, todo lo que me falta como bailador me sobra como bebedor, ocasional eso sí a toda honra y respeto a la salud, solo los fines de semana de darse el caso y en reuniones de celebración; sentado ya en la mesa ya mi novia me traía el vaso pleno de hielo y solo le faltaba el fermento de las finas maltas escocesas, introducido y en ambiente, joropos y pasajes llaneros se dejaban escuchar desde el Tocadiscos situado en un rincón de la sala.

Al rato de los saludos, consideraciones y respetos propios, entre mi persona y quién era el papá de mi novia, el señor se enbolsilló en la faltriquera de su pantalón de Kaki el mencionado revolver, con ademán de un versado tirador, y entre palabra y palabra, en solaz tertulia sobre sus tareas de trabajo y vivencias diarias, me alertó que respetará a su hija, tocando al solemne tema del “casorio” a lo cual le indiqué, que lo mejor era graduarnos primero en nuestras respectivas carreras profesionales, a lo cual asintió con un gesto de afirmación con su cara, más luego se despidió de mí, no sin antes asegurarse de darle fondo blanco a la botella, antes de irse a dormir.

Pasamos la semana entre las aulas de clases, los pasillos de la Universidad, exámenes y muchachadas propias de jóvenes enamorados, llegó el siguiente sábado, aquella tarde mi novia me preparó una tremenda cena para compartir los dos; después de cenar, escuchamos en la nochecita al grupo musical de moda “La Pequeña Compañía” con sus lindos boleros de selección desde el Tocadiscos y sentados en el Sofá de la sala, como se estilaba entonces, estuvimos extrañamente solitos durante la velada, la señora y el señor viendo televisión en su habitación, los hermanos salieron a una fiesta, y mi novia y yo en la sala haciendo el “Cebo” sobre el Sofá  y a punto, mi novia me apuro el paso, yo me recordé del 38 del papá sobre la mesa, la botella de whisky y todo lo demás, me hice el “Musiú” parándome con la energía del andante caballero quién temía sucumbir al “casorio” o caer en la deshonrosa falta de irrespetar la pretendida muchacha.

Nos despedimos ya en el marco de la puerta, le dije a mi novia: -Gracias por la cena. Y ella sonreída, me salió con un dicho regional llanero: - ¿Gracias? ¡Gracias hacen los Monos! 

JLReyesMontiel.   

jueves, 16 de septiembre de 2021

Milagro en la Cómoda

San Gerardo
Dentro de su Ataúd, el cuerpo de mi difunto padre está en la sala de la casa, unos minutos antes lo habían preparado en su habitación, aquellas casas de antes, solían conectarse con arcadas de puertas dispuestas entre sus muros, permitiendo visualizar de la primera a la última habitación; esto era para permitir a la brisa fresca penetrar desde el ventanal de la primera habitación, hasta el final de la hilera de cuartos, de tal modo, que mi curiosidad pueril prestó atención al momento cuando una inmensa aguja era introducida en la barriga de mi padre por el operario de la funeraria. 

Unos días antes, mi padre salía de la casa sostenido por dos auxiliares sobre una camilla y colocado sobre la parte trasera de una ambulancia, cuando cerraron la compuerta, mi atención se centró en la cruz roja sobre el fondo blanco de la ambulancia, que destellaba con el Sol de la mañana de aquel día. 

Con el rezo del Rosario de Difuntos, nueve días transcurrieron y en la habitación de mi padre, quedó un recóndito silencio, hueco y sórdido, pues cuando entraba a ella, su piso, techo y paredes se tornaron tan abrumantes, ensombrecidas y tristes, capturando mi imaginario, me trasladaba hasta la tumba de mi padre, el día de su entierro, las flores de las Coronas esparcidas sobre la cernida arena, las Palas de dos señores, tañendo su metálico resonancia, mientras mezclaban el cemento, sellando con adobes la arcada de la bóveda, donde engavetada la urna funeraria contenía el cuerpo tendido de mi padre.

Cada tarde, a la hora de la siesta de mi madre, visitaba la habitación, su ventana cerrada dejaba filtrar por sus hendijas, destellos de luz del Sol poniente, que se entrelazaban entre los dedos de mis manos, atizados por la bruma de polvo inerte y sostenido en la atmosfera del recinto paternal, era su presencia, pensaba, la divina luz fantasmal de su espíritu; entonces coloqué en el piso en todo el punto focal de aquel espectro de luz, un frasco de aceite de brillantina para el cabello, y ésta se multiplicó en reflejos más brillantes y vibrantes sobre el enlosado, extasiado volando en mil imágenes y alegorías fantásticas, hasta el cansancio de mis brazos sostenidos, cargando mi mirada concentrada en la frenética proyección desde la ventana al piso, levanté el frasco de brillantina y lo coloqué nuevamente en una de las gavetas de la Cómoda, de donde la había sustraído.       

Sobre el entramado de la Cómoda de la habitación de mi padre, tiempo después, mamá destinó ese espacio para colocar sus cuadros del Corazón de Jesús, la Virgen María y Santos de devoción Católica, al centro colocó el Óvalo del marco de la Santísima Trinidad, a su derecha la Virgen del Carmen, a su izquierda la Virgen del Perpetuo Socorro, en la pared contigua la Virgen de Las Mercedes, arriba al Arcángel San Rafael y debajo una imagen de San Gerardo,  sobre la Cómoda sitió un Crucifijo y a su lado una colorida estatuilla de la Virgen de Coromoto, así se hizo mamá su oratorio en la habitación de mi padre ausente, donde solía encender una vela en sus oraciones.

Yo tenía el cuidado de jugar sobre la Cómoda de papá, sin perturbar la paz del oratorio, pero a veces me resultaba entretenido mirar toda aquella representación alegórica religiosa, acercarme al Crucifijo y detallar las heridas de Jesús, observar a la gente quemándose en aquel candelero, pidiendo misericordia a los pies de la Virgen del Carmen, el fino laminado dorado que envolvía los que mamá me decía, eran las tres divinas personas, al Padre con su abundante barba, al Hijo con la Cruz terciada y al Espíritu Santo al centro y sobre sus cabezas; también me detenía mirando a San Rafael y San Gerardo, uno sacando un inmenso pez de las aguas, el otro con su aureola y hábito negro, sosteniendo un crucifijo, flanqueado por libros y un huesudo cráneo.

Un buen día, recordé mis cuentos, desde hacía tiempo no los hojeaba, los había guardado por ocurrencia mía en una de las gavetas de la Cómoda de papá; el asunto era tener el pretexto de jurungar la susodicha Cómoda, era parte de los mobiliarios de mi padre, y estar cerca de ellos me daban su olor y era como sentir su presencia, así como sentarme en la Poltrona al lado del fornido Escaparate, revisar sus ropas y cosas guardadas en él, eso será tema para ampliar en otro relato; el asunto fue que buscando mis cuentos, guardados en una de las gavetas de la Cómoda, me llevé una gratísima sorpresa, uno de esos instantes mágicos, como cuando un mago saca un Conejo de su Chistera, un verdadero milagro en medio de mi soledad y tristeza, nuestra Gata había parido sus gaticos dentro de la gaveta donde guardé mis cuentos, los había hecho jirones a modo de pajizo, para parir y colocar sobre el suave papel sus vástagos, cuando abrí la gaveta, el olor encerrado de los pequeños felinos, inundó de su aroma la estancia paternal.

De cómo la Gata escaló penetrando a la Gaveta de la Cómoda, lo ignoro; así la sorprendida Gata, me quedó mirando con sus verdes ojos e inmensas pupilas dilatadas como Luna llena, amamantando entre sus patas y vientre los gaticos, bien gorditos y sobre alimentados.

JLReyesMontiel     


sábado, 24 de julio de 2021

José Julián Montiel Agudelo.

 

José Julián Montiel Agudelo,
mi primo hermano, hijo de tío Julián José Montiel Fuenmayor,
empleado del Hotel del Lago recién construido.

sábado, 17 de julio de 2021

La Arepa Pelá.

Pasamos por la carretera Falcón Zulia partiendo desde Maracaibo, durante la nochecita de aquel día de hace unos cuantos años, llegamos felizmente a la paraguanera ciudad de Punto Fijo al margen de la quijada de esa gran cabeza del territorio venezolano, denominado desde los siglos de los siglos por propios y extraños Paraguaná, una vez superadas las crestas arenosas de los Médanos que cobijan su cuello de las inclemencias del majestuoso Mar Caribe y nuestro.

Cerro Santa Ana, devoto ícono de la planicie 
de la Península de Paraguaná.
(Composición gráfica JLRM)

La taciturna Luna, nos acompañó por todo el camino, haciéndose cada vez más grande a medida que nos adentramos en la geografía pedregosa y árida del glorioso e inmenso Estado Falcón, dejamos atrás la amada tierra Zuliana, cuando ya la Luna apenas asomada al oriente del horizonte lacustre, coronaba las torres del Puente Gral. Rafael Urdaneta.

Maravilloso recuerdo de antaño y cuando carajito, inolvidable por demás, el reflejo de la Luna sobre las encrespadas aguas del Lago de Maracaibo, resultaban un sortilegio mágico de esplendor y fantasías, llenando mi imaginario universo mental las alegóricas formas del paisaje, resultando un crisol de alucinantes pensamientos volando con la fuerza del viento, atizado por la velocidad del vehículo automotor de pasajeros que nos transportaba, susurrando sobre mis orejas.

Punto Fijo, entonces nos recibía desde la carretera, con un Arco neoclásico lindo y solemne, con su columnata Corintia, sus dinteles, aristas y acroteras, un poco más allá, en toda la carretera, estaba la solariega casa familiar de los Calles, con su frente ventilada permanentemente por la brisa paraguanera, que, desde sus exóticas playas, abrazaban la ciudad con un frescor estupendo, dándole el carácter propio a la pujante ciudad de Punto Fijo, bordeada por sus modernas refinarías petroleras, las más grandes del mundo, Amuay y Cardón.

Arco de entrada a la vieja Punto Fijo,
marco de lo que sería el futuro
de aquella pujante ciudad y de su gente esforzada,
después derribado para el paso de una nueva avenida,
hoy sus refinerías abandonadas a su suerte por el oprobio. 

De visita en casa de aquella noble familia Calles, Chinca, su señora madre la señora Aura y sus sobrinas, nos recibían a mamá, Sara y a mí, siempre gentiles y bondadosas, siempre atentas, con su sonrisa tan amplia como la inmensa Luna que durante toda la noche nos acompañó en el camino; más luego llegaba Sonia, la esposa de mi primo hermano Enrique Briñez Montiel, nacido maracucho pero paraguanero de corazón, con sus hijos aún bebes, y más despues, la plenada familiar se completaba con todos las hermanas y hermanos de Sonia.

Y entre todo aquel marco de amor familiar y amigos, estará precisado en mi memoria, las Arepas Peladas amasadas y cocinadas al Budare, por las atentas sobrinas de la gentil tía Chinca; que yo curioso el día anterior empuñé el molino, para triturar el maíz pelado con la Cal, pues la señora Aura, me mostró el modo de macerar los granos de Maíz tierno en un Palangana con agua de caliche blanco, que es lo que le otorga a la Arepa Pelada, ese típico gusto de sus arepas, inigualable a la de ninguna otra región de toda la geografía de Venezuela.

Como dicen los paraguaneros la Arepa de Maíz Jojoto o Arepa Pelada.
(Composición gráfica JLRM)

Desayuno, cena, y hasta en el almuerzo, nunca está de más el pan nuestro de cada día de todo buen falconiano, procurarse una Arepa Pelada, rellena con suero, nata, queso o mantequilla, carne de Iguana, Conejo, Carnero, Mechada de Res y sobre todo, la insuperable, la rellena con Mojito sazonado con Tomate, Cebolla y Ají Misterioso salteados y aliñado con Onoto, Orégano, Sal y Pimienta, eso es darse un gusto al paladar, con una generosa taza de Café con Leche, si es de Vaca recién ordeñada mejor que mejor, y si la Taza es de floreado Peltre, no se hable más.

Cuenta mi musa, que la primera madre en hacer una Arepa Pelá, así la llamó en el cantaito de su castellano ancestral, inspirada en la Luna llena, cuando adorna con su redondez y color sepia, la inmensidad del horizonte de aquella tierra prodigiosa en bellezas naturales, bañadas por las azules aguas del Caribe indómito.   

JLReyesMontiel.



          

miércoles, 23 de junio de 2021

Héroes de Carabobo.

Thomas Ildeston Ferriar

Hijo de un médico escoses, Jhon Ferriar y hermano de otro oficial británico, John Ferriar, igualmente alistado en el Ejercito Libertador de Venezuela,  fue Thomas Ildeston Ferriar, prócer distinguido y héroe de la Batalla de Carabobo,  nacido en Manchester, Inglaterra en 1785, un poco más o menos.

El Gobierno de las Provincias Unidas de Venezuela (1817), mediante su emisario inglés, Jhon Dauwson Needham, contrata sus servicios como militar del Ejercito Libertador de Venezuela, gracias a las diligencias que, por encargo de Simón Bolívar, realizara el diplomático y abogado Caraqueño Luis López Méndez, en la Gran Bretaña, para reclutar personal castrense, aprovechando los contingentes de tropas británicas, holandesas y alemanas, que combatieron en las guerras Napoleónicas, las cuales con la derrota de Napoleón Bonaparte en Waterloo (Bélgica 18-06-1815), quedaron rezagados y sin empleo, aquella pléyade de veteranos oficiales y tropas, cuya experiencia en combate, muy bien sería aprovechada en las guerras de independencia de América del Sur.

El 4 de Mayo de 1817, el contingente reclutado, se embarca y parten del Puerto de Posmouth a las Antillas del Caribe, y desde la isla de Granada frente a los costas de Venezuela, son distribuidas las tropas legionarias alistadas a territorio Venezolano, siendo el oficial Thomas Ildeston Ferriar, asignado a la ciudad de Angostura, a las orillas del río Orinoco, actual Ciudad Bolívar del Estado Bolívar.

 En 1818, se traslada Ferriar con el grueso del Ejercito Libertador al mando de Simón Bolívar, hasta la región de los Llanos de San Fernando de Apure, como oficial integrante de las tropas legionarias británicas, comandadas por el Coronel Juan Blosset, siendo asignados bajo las órdenes del León de Payara, José Antonio Páez; trasladado el Ejercito Libertador a la Nueva Granada (hoy Colombia) para enfrentar a los Realistas y liberarla de la Monarquía, se cumple lo planeado por Simón Bolívar, con el triunfo de la Batalla de Boyacá el 7 de Agosto de 1819.

El Coronel Blosset fallece en 1820, Ferriar lo sustituye como interino comandante de las Legión Británica, y para 1821, es nombrado Ayudante General del Ejercito de Apure, con rango de Coronel de los Cazadores Británicos, batallón adscrito a la Primera División del Ejercito bajo el mando del General Páez.

Llegó así el 24 de Junio de 1821, cuando en la segunda Batalla de Carabobo, Ferriar se destaca como oficial superior del Batallón Cazadores Británicos, y toda esa legión de héroes durante las incidencias de la jornada bélica en Carabobo, Ferriar y sus legionarios marchando en auxilio del Batallón Bravos de Apure, librándolos de ser derrotados, cayendo gravemente herido el Coronel Ferriar, muriendo a consecuencia de las heridas de batalla en el Hospital de Valencia, el 17 de Julio de 1821.                 

 

Manuel Cedeño

En la región de Aragua, población del Cardonal, Mata de Herrera, nace Manuel Cedeño (06-05-1780), hijo de campesinos, Manuel Antonio Cedeño y Juana Hernández, su infancia se desarrolló entre las tierras de Maturín y Caicara del Orinoco.

Enrolado en las tropas patriotas (1810), combate contra los realistas que defendían a la Monarquía Española, entre los años 1813 a 1817, destacándose en el asedio y toma de la ciudad de Angostura (17-07-1817), acción que desplegó junto con su homólogo José Francisco Bermúdez, a las orillas del río Orinoco.   

En 1818, acompaña a Bolívar en la Campaña del Centro de Venezuela, venciendo al enemigo realista en la Batalla de Calabozo, el 12 de febrero de ese mismo año; siendo notorio el hecho, cuando por orden de Bolívar, hace preso a Manuel Carlos Piar, por insubordinación, y es trasladado desde Aragua de Maturín a Angostura, donde tras ser juzgado por un Tribunal Militar, es fusilado.   

Durante las sesiones del Congreso de Angostura, que postuló la Constitución de la República de Colombia (1819-1821), fue miembro designado por el mismo, como diputado.

En la Batalla de Carabobo (24-06-1821), comandó la II División del Ejercito Libertador, durante la refriega, pretendió cortar la retirada del Batallón Valencey, cuando una bala le mato, muriendo en el terreno de batalla.

 

Pedro Camejo

Sus compañeros del arma de caballería, motivados por su brío y habilidad con el empleo de la lanza, le apodaron “Negro Primero”, con el cual, se le ha conocido en las páginas de la Historia de Venezuela, quién con el grado de Teniente, fue Oficial de Caballería en el Ejercito Libertador con el nombre de Pedro Camejo.

La guerra de independencia venezolana, lo sorprende trabajando como esclavo, al servicio de un tal Vicente Alonzo, hacendado y terrateniente de las regiones de los Llanos de San Fernando de Apure, razón ésta, por la que, para emanciparse, aprovecha los tumultos de la guerra y forma parte de las huestes de José Tomas Boves, de origen asturiano y hecho guerrero por los avatares de la vida a favor de la Corona Española, muerto Boves por los Republicanos en la Batalla de Urica (1814), el “Negro Primero” queda montaraz, junto a los otroras lanceros llaneros del sanguinario Boves.

Aquellos llaneros, curtidos en las guerrillas de la extensa llanura venezolana, sin oficio alguno que no fuera, la azarosa vida a lomo de caballo y lanza al ristre, pronto se plegarán a los bravos llaneros de José Antonio Páez, para continuar sus andanzas, pero esta vez a favor de una causa nacionalista, al modo de ver del “Centauro de los Llanos” el Taita Páez, caudillo de los llaneros de Venezuela.  

Durante la Campaña del Centro de Venezuela, Simón Bolívar, General en Jefe del Ejército Libertador, se entrevista en San Juan de Payara, con el General José Antonio Páez, Jefe Supremo del Ejercito Patriota de Apure, para ganarlo junto con sus llaneros, a la causa de la guerra de independencia de Venezuela; durante esas jornadas, Bolívar conoce las destrezas de los llaneros de Páez, entre ellos las del Negro Primero su temple valiente y audaz, su fuerza, corpulencia y maestría con la lanza a caballo; oyendo los comentarios del General Páez, acerca de la lealtad y subordinación del Negro Primero, Bolívar conversa con Camejo, le pregunta porque se unió a los llaneros de Páez, Camejo le responde sinceramente que fue por codicia, haciéndole ver el Libertador, que la guerra debe dársele otros propósitos más nobles y fines superiores.

Pedro “Negro Primero” Camejo, formó parte de los 150 lanceros al mando de Páez, que enfrentaron la Caballería Realista al mando del militar y marino español Pablo Morillo, en los hechos heroicos del “Vuelvan Caras” en la Batalla de las Queseras del Medio (02-04-1819) recibiendo Camejo, la Orden de los Libertadores de Venezuela.

En la Batalla de Carabobo (24-06-1821), el Teniente Pedro Camejo integró los regimientos de caballería de la primera división comandada por el General Páez, derrochando su templanza en la lucha cuerpo a cuerpo, cuando en plena refriega, se presenta montado sobre su caballo ante su jefe Páez, quién le increpa: -Vuelve a la pelea y hazte matar, ante lo que el Negro Primero responde: -Mi general, vengo a decirle adiós, porque estoy muerto.   


Ambrosio Plaza

Estuvo desde las primeras acciones libertarias de la Primera República de Venezuela, bajo las órdenes del Generalísimo Francisco de Miranda, combatiendo a los rebeldes realistas de Valencia (1811) y contra el Capitán General de la Corona Española, Domingo de Monteverde (1812).

Perdida la Primera República, se incorpora al Ejército Libertador, al mando de Simón Bolívar (1813), siendo destinado al Ejército de Occidente, al mando del General Rafael Urdaneta, emprendiendo la retirada de la población patriota y sus fuerzas militares patriotas hacia la Nueva Granada.

Una vez consolidadas sus posiciones en aquella provincia neogranadina, marchó con Bolívar desde Tunja a Bogotá, en una operación militar, cuyo objetivo era combatir hasta vencer a los rebeldes realistas de Manuel Bernardo Álvarez (1814).

En 1815, es designado comandante de la infantería Guardia de Honor del Libertador, participando al lado de Simón Bolívar en acciones armadas sobre las regiones del Magdalena y Cartagena.

En la isla de Jamaica, migra junto a Bolívar, luego se trasladan a la República de Haití, donde reciben las fuerzas patriotas apoyo de su presidente Alejandro Petión, Ambrosio Plaza es ascendido a teniente coronel y se embarca con el Libertador en la llamada Expedición de los Cayos (1816), participa en las acciones militares de desembarcos dentro del territorio venezolano, Juan Griego, Carúpano y Ocumare; poco tiempo después y desde Choroní, bajo las órdenes del General Gregorio Mac Gregor, llevó a cabo la retirada a oriente.

En 1816, es ascendido a coronel y junto al también coronel Julián Montes de Oca, son destinados al mando del General Pedro Zaraza, para actuar en acciones de ataque y dispersión en el alto llano venezolano, las cuales sirvieron de apoyo a las operaciones ejecutadas por Bolívar y el General Manuel Carlos Piar, en la liberación de Guayana en 1817.

En 1818 formó parte de la Campaña del Centro y en 1819 de la Campaña de Apure, ambas dirigidas por Simón Bolívar, en la segunda campaña, ostentando el cargo de comandante del batallón Granaderos, de reciente creación.

En 1819 formó parte de la junta de guerra en la aldea de Setenta, donde se acordó la campaña de liberación de la Nueva Granada, destacándose en las batallas de Gameza (11 de julio), Pantano de Vargas (25 de julio) y Boyacá (7 de agosto).

En noviembre de 1820, Ambrosio Plaza y Antonio José de Sucre, se reúnen en el Humocaro (región del actual Estado. Lara), como parlamentarios ante el general Pablo Morillo, para formalizar la entrevista de Bolívar y Morillo, en los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, finalmente suscritos en Santa Ana, el 25 y el 26 de noviembre de 1820.

Las hostilidades de la guerra se suspenden por un tiempo, hasta su reanudación, entre los meses de mayo y el 15 de junio de 1821, donde en San Carlos llanuras del hoy estado Cojedes, el Libertador reorganiza el Ejército Libertador en 3 divisiones, confiándole el mando de la tercera división al coronel Ambrosio Plaza, postulándole ante el Congreso de Colombia, para el grado de General de Brigada.

Combatió en la batalla de Carabobo el 24 de junio de 1821, al frente de su división, atacando frontalmente las posiciones realistas del Mariscal de Campo Miguel de la Torre, facilitando a las divisiones de los generales José Antonio Páez y Manuel Cedeño, ejecutar el desbordamiento del flanco derecho del bando realista; cuando decidida la victoria a favor de los republicanos, el Coronel Ambrosio Plaza, recibió una tiro de fusil, en el instante cuando alcanzaba la rendición de un batallón realista; muriendo al día siguiente.

Fueron los padres de Ambrosio Plaza, el Capitán de Milicias Don Diego de la Plaza y Liendo, y Doña Josefa Olbelmejías y Rengifo. Ambrosio Plaza, cuando apenas tenía 19 años, ingresó en calidad de cadete, en el Batallón de Milicias de Blancos de Caracas, siendo ascendido al grado de subteniente el 28 de agosto de 1810. El Congreso de la República de Colombia, para el momento de su muerte, había autorizado la postulación del Libertador Simón Bolívar, al grado de General de Brigada, otorgado al insigne Ambrosio Plaza.

Tumba al Soldado Desconocido


Data histórica compendiada de Wikipedia, redacción JLReyesMontiel.



    

viernes, 4 de junio de 2021

La Hermandad.

Obra del artista Pedro Vargas,
editada por mi persona para este portal.

Corría el año de 1985, estudiante de Derecho en nuestra amada e imperecedera Universidad del Zulia, ostentaba mis 25 años, con sus altos y bajos de la vida, entre aquellas reflexiones existenciales de época, buscando caminos, en los trances del destino y entre dudas metódicas, discerniendo verdades, dejando atrás pretensiones juveniles, un día de regreso a casa desde la Universidad, caminando los sitios de aquella otra ciudad de Maracaibo, llena de vida y calor, me dejé llegar hasta el interior del Convento de San Francisco, apartado del bullicio exterior de la Plaza Baralt que coronaba, como un trono celestial, entre el jolgorio de buhoneros y mercancías.

Aquellos son los mercaderes del templo, pensaba, pero una vez dentro del recinto franciscano, el olor de las velas encendidas por los piadosos y las reminiscencias de inciensos impregnados en los gruesos muros, me inducían al recogimiento y la oración; a esa hora del día y entre semana, un devoto realizaba la veneración perpetua del Sagrado Sacramento del Altar.

Con la señal de la cruz y de rodillas, inicié tantas veces mis meditaciones y sentado desde los escaños, mi vista se paseaba por el alto techo, sus maderas, la fornida arcada sobre el altar y el retablo de madera tallada al estilo ojival, donde unas representaciones sacramentales, configuraban a la imaginación del orante, una muestra de la piedad y santidad cristiana.

Si corría con suerte, mi confesor en ese tiempo, el Fraile Capuchino Castor (QEPD), lo encontraba Rosario en mano, orando dentro del Confesionario, y más que confesiones, sosteníamos una charla sobre diversos temas que yo le planteaba, él muy dispuesto me escuchaba y me hacía discernir sobre mis dudas y complejidades, que siendo uno joven sobreabundan, de ese modo fui superando tantas complicaciones juveniles arrastradas desde mi infancia, adolescencia y en ese momento de mi juventud aún requería deslastrar; que complicada es la existencia, cuando uno se enfrasca buscando verdades.

Para otros el asunto vivencial puede ser más llevadero, cuando los cuestionamientos no abruman la razón, cuando la simplicidad no supera las distracciones convencionales, comer, vestirse, divertirse y dormir, son el día a día, con sus obligaciones y deberes propios, estudiar o trabajar, es una rutina vital, que se quebranta cuando la cuestionas, cuando la replicas con otros argumentos, también valederos, pero peligrosamente aislacionistas. Superar el aislacionismo es difícil, si, por ejemplo, vas a una fiesta y una chica te saca a bailar, hasta afortunado era joven, pero, terminas pisándoles los pies por no saber bailar.

En esos años formé parte integrante de la Hermandad Franciscana, un grupo juvenil de oración y cantos, nos reuníamos los sábados en la tardecita, todo marchaba bien bonito y chévere, hasta que, al padrecito capuchino, que nos servía como nuestro guía y mentor, lo trasladaron a otra localidad de Venezuela, luego impusieron un fraile algo cascarrabias y entrado en años y el encanto, como la espuma, se desvaneció.

El padre Castor, aunque muy carismático, estaba demasiado anciano y cegato como para asumir esa tarea, de tal manera que con la presencia del nuevo fraile algo soberbio y muy poco carismático, poco ayudo a preservar la integridad del grupo juvenil, hasta dejar de reunirse los sábados por la tarde.

Seguí asistiendo como de costumbre a la Sagrada Eucaristía de los domingos, hasta que el padre Castor en su ancianidad dejó de celebrarlas, el tiempo así pasó, la vida tenía otros planes conmigo, ¿Quizás? Pero quedó en mi recuerdo aquel vibrante y colorido llamado, en una conversación de confesionario, el padre Castor me invitó en su español clásico: -Hazte fraile José Luis.

JLReyesMontiel 

 

martes, 1 de junio de 2021

El Rinconcito.

Régulo Montiel Ferrer

Érase el nombre de una pequeña tiendita, ubicada entre las avenidas 11 y 12 a la altura de la calle 69A, del urbanizado sector denominado desde antaño “Tierra Negra” de la ciudad de Maracaibo; cosa curiosa el nombre de esa zona de nuestra ciudad, siempre llamó mi curiosidad porque fue mencionado de esa manera Tierra Negra.

La única relación entre ese nombre y aquel antiguo caserío maracaibero, era los cascajos de carbón vegetal, que ennegrecían la arena del fondo existente en toda la esquina de la propiedad de mi padre Pascual Reyes Albornoz, ubicada en la esquina de la avenida 13 con la misma calle 69A, nomenclaturas actuales de ese sector marabino, dadas durante la administración municipal del señor Numa Márquez.

Cuando nos mudamos, sería el año 1965, un poco más o menos, de nuestra casa de El Saladillo en la calle Venezuela, nos residenciamos en esa propiedad; mamá me contó que antes era un Hato, cuyos terrenos mi padre fue vendiendo por parcelas, y en el cual, según en ese antiguo hato, por los años 1940-1950 se desempeñó como un Bar denominado “Claro de Luna” el cual mi padre rentó a una señora apellidada Godoy, cuyo nombre no me acuerdo. Más luego, en los años de 1960, estuvo rentado al desaparecido Ministerio de obras Públicas (MOP) como depósito de maquinaria y estacionamiento.

Lo cierto del asunto, en mi pueril imaginación, relacionaba el nombre de Tierra Negra, con la ennegrecida arena por el carbón vegetal depositado desde muy antiguo en la parte trasera de aquel viejo local comercial, propiedad de mi difunto padre, donde más después funcionó un Abastos de víveres, cecinas y abarrotes.

Es decir, aparte de las instalaciones del MOP, había un abasto en la esquina de aquella extensión de terreno, sobre el cual existió además de la casa de habitación del Hato, el local del Abasto en su margen derecha, el cual por muchos años estuvo rentado al abuelo de mi esposa Mercedes, el señor Jorge Sánchez Ferrer, padre de mi suegro Geramel Sánchez Montiel, casado con mi tía María Mercedes Montiel Fuenmayor.

Para trasladarnos a esa casa de Tierra Negra, papá resolvió los contratos de arrendamiento sobre la referida propiedad, en ese entonces, ese sector prosperaba con auge urbanístico y proyección de la ciudad de Maracaibo hacia su parte norte, dejando atrás los vestigios de sus estrechas calles y avenidas del centro, por otras mucho más amplias y solariegas, como hoy día se puede constatar al pasearse por esa zona de la ciudad.

Mamá estaba muy entusiasmada con el cambio de residencia, pues hacia la avenida 11, estaba la casa de su hermano Nicomedes Montiel Fuenmayor, y un poco antes, como indiqué, entre las avenidas 11 y 12, la casa de mi primo hermano Régulo Montiel Ferrer, hijo de tío Nicomedes; además de la casa “Rafecar” propiedad de su contemporánea sobrina Carmen Romelia Sánchez Montiel, y un poco más arriba, hacia la avenida 15 Las Delicias, vivía mi abuela Mamá Carmela, es decir, estábamos sobrados de familia, en ese ambiente me crie, para que vos veáis.

Papá fallece sensiblemente en el año de 1967, tenía yo 7 años de edad, eso definitivamente configuró mi vida y mi destino, contra viento y marea estoy echando el cuento, gracias a Dios y a mi madre; pasaron algunos años, y mi primo hermano Régulo, vecino nuestro, sería por los años 1.971-1972, estableció en su casa un pequeño abasto, denominado “El Rinconcito” en el cual aparte de víveres, vendía las Guayabas y los Limones cosechados por mi madre en el patio de nuestra casa.

El primo hermano Régulo, tenía una particular forma de mirar, de abajo hacia arriba, mamá me contó que fue la secuela de una fuerte fiebre, pandemias locales de época, llamada por la gente “La Perniciosa” sufrida siendo niño, llegando a tal extremo su temperatura corporal, que se le viraron los ojos y se quedó el muchacho así, mirando para arriba toda su vida.

Una mañana de tantas, mamá me encargó fuera a la tiendita del primo Régulo, por un paquete de fideos, un cuarto de kilo de Queso de Año y un potecito de salsa Ronco, para los espaguetis del almuerzo de aquel día; al llegar a la tienda para hacer el mandado, sorpresa la mía que los acuciosos y enrevesados ojos de mi primo hermano Régulo, detectaron la simiente de la abundante vellosidad, que apenas afloraba sobre mi boca y pecho, diciéndome: -Muchacho vos si váis a ser peluo! Fue tal mi pena y pudor, que, por esa, digo hoy tontería, deje de visitar la tiendita de mi primo hermano Régulo.

JLReyesMontiel               


sábado, 15 de mayo de 2021

En honor a mis difuntos.

Pascual Reyes Albornoz, sobre su caballo Pantaleón,
una vida de trabajo y un legado de hermanos.

Uno va conociendo a la gente con el tiempo, no hay mejor juez que el tiempo, lo malo es que alguna que otra vez uno cae por crédulo, pues hace mucho daño al espíritu, andar todo el tiempo como paranoico cuidándose de la gente.

Durante la vida conoces personas, familiares incluso que nunca habías visto, pero que por razones consanguíneas son tu parentela, incluso, durante el ejercicio profesional como abogado, me topé dadas las circunstancias con parientes que ni pensarlo, eran mi parentela, por no decir mi familia, por ser de línea colateral en grado consanguíneo, no ostentaban el apellido Reyes, el cual, yo orgullosamente, llevo como mi patronímico.

Y cuando digo un pariente, es por aquello, que familia es la que se crió contigo, te lidió, te buscó y te encuentra, te llama y está en tus buenos momentos y en las situaciones difíciles, aún con más razón y sentimiento.

Un pendejo en estos días, en un comentario de redes sociales, pensó tomarme el pelo, pero ni tonto que yo fuere para caer en su charada imbécil, estúpida y sarcástica, enseguida lo elimine de mi lista de amigos y procedí al bloqueo respectivo de mi portal. A este edad y dimensión del tiempo, uno no está para soportarle a extraños sus pendejadas, y digo extraños, muy a pesar del indiciado en el caso, pues se cree muy merecedor y familiar.

De esos conozco una buena tajada, jalabolas, trepadores y oportunistas, eso es lo que son, les encanta el Whisky brindado y los pasapalos a granel, incapaces de mantenerse asimismo como profesionales, buscan a que sombra cobijarse, para obtener algún provecho o ventaja de sus relaciones sociales.

Nada es más sagrado que el entorno familiar, tu padre, tu madre, tus hermanos, sean de una o de otra parte, son tus hermanos, y esa vaina se respeta de parte de los “extraños” y se defiende con dignidad para quién le duela la sangre que vistes desde niño, porque eso si es familia.

Quién trata de menoscabar esa dignidad familiar, no es más que un pantallero, pues sin mirarse, asimismo, busca en los demás resaltar los defectos, que muy bien podrían recaer sobre si, como el que escupe para arriba, se ensucia.

En esta vida, el que esté libre de pecado arroje la primera piedra, así dice la escritura, como aquel otro que se rasga su vestidura, creyéndose especial, es incapaz, ante la presencia del Altísimo Jesucristo, de tomar piedra alguna contra la mujer adúltera de la parábola; falaz, mediocre, fanfarrón, cual fariseo en un Sanedrín de mentes morbosas y perversas.

Creó en la familia y en el gozo de su poder de unir querencias, pero detesto los bufones burlones, aquellos que tras de los bastidores de su parodia, teatro de mezquindades e innobles procederes, de chismes, brollos y demás especies antiéticas e innobles, resaltando los complejos y debilidades de sus semejantes, afrentan a todo buen juicio y a todo decoro personal.

Crecí conociendo las debilidades de mis familiares, sus pecados, sí, pero entre los míos no hubo ladrones ni asesinos, si mucho trabajo y esfuerzo, mucho arraigo y amor de padres a hijos y entre hermanos, eso conocí y fije en la memoria, mi madre potenció con sus consejos esas virtudes, y me formé de ese modo y con el ejemplo y el recuerdo grato de mis tíos paternos y maternos, sus tertulias y reuniones entre ellos y sus amigos, de sus difuntos y también de sus tristezas.

JLReyesMontiel