Así decían los
viejos de antes, mis tíos entre ellos, ese razonamiento sencillo pero irrefutable,
poco quedó revelado por los venezolanos en el caso del –celo- debido por
nuestro lindo país, será también por aquel aforismo popular según el cual “El
que no oye consejo no llega a viejo”.
Y lo digo por los que están fuera de nuestro país,
cuantos requisitos, cuantas vicisitudes, cuantos condicionamientos y
regulaciones migratorias que se le presentan a nuestros paisanos fuera de ese magnánimo
hogar que fue Venezuela; y a nuestro despecho, cuantas facilidades se le dio a
los extranjeros en Venezuela, en el sector salud, educación, vivienda, bancario,
en fin en todo, donde encontraron reposo y solidaridad de la que padecían en
sus países de origen, y esa misma liberalidad con la que nos dimos fue una
causa importante de nuestra degeneración como nación y -República independiente-.
Sentidamente se siente en el día a día, y no es una redundancia
lingüística es una redundancia necesaria y emotiva, porque al mirar nuestro
pasado inmediato y aún en la actualidad y con todo y la crisis por la que pasa
Venezuela en éstas infames circunstancias, nuestro país sigue siendo objeto del
abuso de la conciencia inmisericorde de los extranjeros.
En ese festín de bonanza petrolera llegaron a Venezuela de
afuera gente digna y trabajadora, así como también mucho extranjero coño
e’madre y eso hay que decirlo también con propiedad, mucho extranjero raspa
cuero, corrupto y aprovechador; hasta entonces de esa oleada atraída por la
riqueza de Venezuela, nuestro país era un apartado lugar agrícola y pecuario,
con su propia vida provincial, en el campo con sus campesinos y en los centros
urbanos sus hombres y mujeres, artesanos, trabajadores y profesionales, a veces
enfrascados en guerras intestinas e insustanciales, pero eran nuestras guerras
y querellas políticas, y como tales eran nuestras y las resolvíamos, pero Venezuela prevalecía por encima de nosotros mismos.
Ahora, en éstas dos primeras décadas del siglo XXI, esas nefastas consecuencias de la Venezuela post petrolera, de no haber cuidado con esmero lo
que teníamos en nuestro país, nuestro hogar grande, nuestra casa, es como quién
deja entrar un extraño en casa, pero eso pasó en Venezuela, nuestra casa
grande, es como si cada venezolano se hubiese olvidado del país y su
grandiosidad de lo que representaba en nuestras vidas, dejando al uso y abuso todo
lo que no era propiedad privada, y las cosa pública al abandono y sus suerte,
eso como era del uso público pues hagámoslo fiesta.
Más hoy, con un régimen que patrocina la intromisión harto conocida por todos, penetrados
como estamos por ajenos intereses trasnacionales “conchupantes” de nuestros valiosos
recursos naturales y en armónica connivencia con rastreros coterráneos civiles
y militares traidores y serviles internos, eso duele y es lacerante.
Ahora estamos metidos en este berenjenal, jodidos con el pie
del extranjero pisoteando nuestras vidas y lo que nos es más querido, nuestra
patria. Pero ¿Por qué nos pasó esto? Muchas veces nuestros pensadores preclaros
nos alertaron el mal camino por el cual íbamos pero nadie les paró bolas, Uslar Pietri, Pérez Alfonzo, Ottolina entre
otros, sin embargo fue más fácil festejar el aquelarre vil de bonanza y
despilfarro, no había mañana sino un perenne festín, un bonche absoluto, un bochinche
eterno. “Bochinche, bochinche, bochinche, es que está gente no sabe hacer sino
bochinche” sentenciaba duramente el más universal de los Venezolanos Francisco
de Miranda y ese dictamen quedó a horcajadas en las páginas de nuestra historia
republicana como fatídico presagio de nuestro porvenir.
En Venezuela, la riqueza petrolera fue una maldición en
lugar de una bendición, si los venezolanos hubieran hecho un válido
aprovechamiento de ese recurso natural no renovable, pero que aún yace bajo nuestros pies con probados yacimientos los más ricos del mundo y
eso llevó la apetencia foránea a tomarse posesión de nuestra tierra, ante una
penetración sin pausa, constante, pensada y aprovechada por las circunstancias
políticas que favorecieron e impusieron un régimen nefasto para permisar la entrada de sus "agentes protectores extranjeros" bien conocidos por todos y sus propios cancerberos internos, y colocar la guinda que faltaba a esa gran
torta que es nuestra bella y rica tierra Venezolana.
Esa dura lección del venezolano en el extranjero, y más
que dura, terrible lección por la situación que viven los venezolanos en su propio país, ésto debe
servir de aprendizaje indeleble, para consolidar un espíritu nacional de
identidad con lo nuestro, con nuestro terruño, con nuestra casa grande, con
Venezuela, para que en un futuro Dios mediante y con la unión de todos los
Venezolanos de buena voluntad logremos salir adelante y por la libertad de
Venezuela, vuelvan nuestros hijos, nietos, bisnietos, al solaz terruño amado y
nos comprometamos a celarlo con cariño y afán frente al “pie insolente del
extranjero”.
JLReyesMontiel.

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