miércoles, 13 de mayo de 2026

La última propiedad de Papá Luis.

José Luis Montiel Villalobos
El abuelo papá Luis era una leyenda, una historia familiar, había fallecido del corazón decía mamá, por el año 1947, mamá Carmela le sobrevivo unos cuantos años, ella murió de 103 años, y aquellos terrenos eran parte del legado agrícola forjado por aquel ancestro parte mito y parte realidad, materializado en todos aquellos sitios que niño conocí ya abandonados en su antaña actividad campesina y productiva, ya no había ganadería, ni sus entrañas aradas para la siembra, solo pajizales, algunos árboles frutales y jagüeyes tristes poblados de sapos e insectos.

Esa fue nuestra gran tragedia, en el ciclo existencial y el paso de los años, los viejos de antes dejaban la vida en la tierra y entre los dedos de sus manos agrestes por el arado, entre  Sol y Sol, Lunas de veranos e inviernos, con cada año se iba un pedazo de trabajo y empeño, con cada instante una forma de vida necesaria y vital, que las nuevas generaciones no supieron ni aceptaron asumir, nunca valoraron el valor familiar de su voluntad y de su afán, dejando tras de sí mismos su vida por la ciudad con sus candilejas, seducidos por una supuesta comodidad que el campo supuestamente les negaba, cuando todo el sustento real y cotidiano provenía era de aquellas solaces y ancestrales tierras de nuestros abuelos.

Cuando vendí el último terreno situado en toda la avenida Milagro Norte, en el sector Santa Rosa de Tierra, donde se levantaba el Hatillo “Villa Carmen” al margen derecho de la Capilla de Nuestra Señora del Carmen;  mi  suegro Geramel cuando recibió  de  mis manos su cheque de la cuota parte que por línea materna le correspondía, me manifestó orgulloso, sentirse sobrecogido por el abuelo papá Luis y comprometido con aquel legado que después de tantos años percibía de su difunto viejo abuelo a quién el si conoció en toda su fuerte personalidad.

JLReyesMontiel.      

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