viernes, 4 de octubre de 2013

La canción de la Higuera.

Higos maduros.
Contándoles sobre frutos secos y raros, en estas pesadumbrozas tardes de marzo esperando los días santos de la pasión de Jesucristo, recordé una canción que la señorita Nelly nos hacía cantar en aquellas soleadas tardes de clase en el Colegio, porque antes teníamos clases mañana y tarde también, por si no lo sabían.

Fue en las aulas del colegio San Vicente de Paúl, por los años 1968-1969, la maestra Nelly Báez, nos dio una tarea, construir un Sonajero de chapas de refrescos, consistía en una tablita más o menos de seis por treinta centímetros, sobre la cual se colocaban clavadas las chapas, bien aplastadas con un martillo, se perforaban en el centro previamente con un clavo grueso, luego se disponían en tres grupos de dos chapas clavadas a lo largo del madero y listo, al golpearles entre las manos producían un sonido semejante a la Pandereta.

Muchas fueron las canciones infantiles que nos enseñó la señorita Nelly, como le decíamos a nuestra maestra, con todo aquel pundonor y respeto, entre ellas aquella del -Payasito de donde saliste tú-, que me resultaba muy ridícula, pero una  en especial, la recuerdo muy frecuentemente, sobre todo en aquella hora de la tarde cuando a su paso enseñoreado, la señorita Nelly entre los pupitres y el bullicio de los muchachos, nos tarareaba en su Sonajero para que nosotros repitiéramos su ritmo y pudiéramos cantar todos juntos.

El padre Enrique, también nos ponía a cantar, él canciones religiosas de todo género, entre ellas el Himno de nuestra Señora de Chiquinquirá, y como olvidar el vibrator sonoro de la señorita María de Jesús “Jesusita” Martínez, cantándonos Brisas del Zulia, por cierto Jesusita era hermana del gaitero mayor de Santa Lucia Moisés Martínez, que Dios los tenga en su gloria.

Qué lindo fueron esos años de quinto grado, no puedo dejar de mencionar a Elbita, así como otros excelentes maestros Ada González, Nancy Lugo, Mario de la Rosa, el padre Luis Moreno, fueron baluartes del colegio de esos buenos tiempos, personas que dejaron esa sensación de parentesco universal entre el preceptor y su aprendiz.


Todas esas canciones quedaron grabadas en nuestra médula cerebral para toda la vida, y es imposible olvidarlas, por lo menos esa ha sido mi experiencia, y muy especialmente con aquella canción tema de estas reflexiones, la canción de la Higuera, ¿que cuenta?, pues… una madrastra celosa por la presencia entre sus hijos de su hijastro, lo manda a realizar duros trabajos y tareas de la casa, el niño hambriento arranca un maduro Higo del árbol para comérselo, los hermanitos lo acusan con su mamá y ésta le da una tunda que le hace enfermar y muere, la madrastra decide enterrarlo debajo del árbol de la Higuera, a los días los niños retozando entre el follaje de la Higuera arrancan algunas de sus hojas y escuchan salir entre las ramas y hojas de la Higuera esta canción: -Hermanito por ser mi hermanito, no me ales mi cabellito, que mi madrastra me ha castigado por un Higo que he cortado-.

José Luis Reyes Montiel.    

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