Por el año 1978, graduado de bachiller, superando
etapas y sus complejidades, fijando metas y compartiendo inquietudes, se abren
tantas posibilidades como ideas, y puedes comenzar a hacer aquello que más te
gusta, siempre y cuando sea una acción edificante.
En esos años, ingresar a la universidad llevaba su
tiempo, uno prácticamente perdía un año de espera, existía en ese momento una
masificación estudiantil que abarrotaba nuestras universidades, con una juventud
ávida de aprendizaje y superación, o quizás a la inversa, de superación y
aprendizaje, eso dependía con el cristal con el que se mire. El asunto es que hacerse
profesional en Venezuela era solo cuestión de interés y esforzarse por
aprender, para alcanzar la meta de hacerse de una profesión.
En esa lacónica espera, se estrecharon lazos de
amistad fraternales, de esas amistades que al paso de los años siembran
sentimientos profundos de querencia, entre tertulias, risas, juegos, paseos y
salidas al cine, practicar deportes, en fin, solo con el limite a lo imposible,
cuéntese de todo el esplendor de una juventud maravillosa.
Un buen día, mi amigo Derlando y yo, fuimos al
cine “Metro” al estreno en Maracaibo de la famosa película de Silvester
Stallone “Rocky” la primerita de todas, nosotros comenzando a desandar
caminando por la ciudad, de aquel evento cinematográfico, nos quedó una
motivación ejemplar del personaje interpretado por Stallone, su voluntad y
disciplina, de más estaría recordar el entramado del tema de dicha buena
película, el asunto es que esa misma semana nos empeñamos en comenzar una actividad
física de entrenamiento, trotando y haciendo ejercicios físicos para
mantenernos en forma durante ese periplo de espera preuniversitaria.
Fue una tarde cuando acordamos encontrarnos en la
esquina de la avenida 13A con calle 67 conocida como Cecilio Acosta, en ese
punto y del otro lado de la acera, tomamos el bus de la Ruta 6 que nos trasladaría
hasta el Polideportivo de la ciudad de Maracaibo, situado por el sector Los
Olivos, para ese tiempo existía una estrecha carretera y para nosotros era algo bastante alejado del lugar de
nuestras respectivas casas, Derlando residía en la Urbanización Maracaibo y yo
en Tierra Negra.
Durante el camino íbamos muy atentos por los
sitios por donde apenas era nuestro primer paso, aunque en una ocasión nos
trasladaron desde el Colegio en autobús escolar para realizar parte de la barra
de imágenes de unos juegos panamericanos, un tema de Michael Jackson cantando
en español nos entretuvo mientras aventajados por la distancia, llegamos
airosos al Polideportivo, bajamos del auto bus conversando sobre el tema
que escuchamos en el bus y yo no podía creer que era Michael Jackson cantando
en español, era su canción “Ben” inolvidable después le puse más cuidado al
escucharla, algunos decían que se trataba de un ratón llamado “Ben” que en español nada tenía que ver su letra con el original, pero para bien y en la
voz de Jackson resultó ser todo un éxito en su momento en Venezuela.
Nos internamos entre el inmenso diamante de concreto del
Estadio Luis Aparicio, la Estatua del Grande Liga Zuliano nos observaba, paseándonos
por las estribaciones del pavimento que le rodea, entramos a varios locales situados
debajo de la tarima del estadio, visitamos las canchas de practica de Judo,
Lucha Olímpica y finalmente Levantamiento de Pesas; de todas aquellas
actividades deportivas fuimos desechando, el Judo mucha técnica y trancazos, de
la Lucha Olímpica mucho sudor y manoseadera entre los jugadores, nos quedamos
con las pesas.
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Nestor Bracho. Hoy vive, vía Los Puertos de Altagracia, como Cantor y Decimista, dedicado a la cría y cultivo en su Conuco. |
Nos presentamos con el entrenador de levantamiento
de pesas, bajito y menudo, en nada nos pareció un entrenador de pesas,
comentamos, pero bueno echamos para adelante apostando por las pesas, nos
presentamos, conversamos con el entrenador, Profesor Néstor Bracho, nos indicó
sus reglas, métodos de entrenamiento y los días con sus horas dedicadas a la
actividad de su disciplina deportiva. Así fue, al trote sostenido dándole vueltas
por seis veces al redondel del estadio, el entrenador Profesor Néstor Bracho
nos arengaba: -Vamos chico, tú puedes hacerlo chico… luego nos indicaba una
serie de ejercicios de calistenia, después de ese largo calentamiento fue
cuando apenas comenzamos el entrenamiento con las pesas, el primer día salimos
no molidos, desechos.
De regreso a nuestras respectivas casas, con el
agotamiento del primer día de entrenamiento deportivo, caminando y de paso vimos
a lo lejos un kiosco de refrescos, al acercarnos una linda morenita lo atendía
acompañando a una señora algo mayor, nunca le preguntamos quién era la señora,
pero asumimos que era, por su gran parecido, su mamá; en el kiosco además de
refrescos, ofrecían un delicioso Guarapo de Limón con Panela, el cual pedimos
en lugar de refrescos, pues, qué sentido tenía después de semejante
entrenamiento físico beber refrescos con sus químicos, y en verdad el Guarapo resultó
realmente especial y exquisito, muy sabroso y refrescante, después hicimos rutina
tomarnos el Guarapo, el cual, por ocurrencia nuestra bautizamos como el Guarapo
de La Negrita de la Felicidad.
Y en efecto, la empática muchacha siempre
sonriente nos atendía con primor a Derlando a mí, nos servía el Guarapo muy
alegre y jovial, hasta ñapa nos brindaba al terminarnos el Guarapo, haciéndonos
sonrisas en su florecida juventud y en nuestra propia mocedad, total que cada
día y al final de la jornada de entrenamiento al paso iniciado, nos decíamos: -Vamos
para que la negrita de la felicidad, dada su carita sonriente al feliz momento
de la labor deportiva cumplida, calmando el sublime cansancio y nuestra sed.
JLReyesMontiel.